Sobre la guerra y otras palabras de origen godo




















Si hay algo que caracteriza a esta humanidad, son las guerras continuadas que se han dado año tras años desde que el hombre es hombre. Es por ello lógico pensar que sea una de las palabras más antiguas que aparecen en nuestro diccionario. De hecho, ya se pudo leer la palabra guerra en uno de los testimonios literarios más antiguos en nuestra lengua, como es el Cantar de mío Cid, poema épico y bélico por excelencia de la Castilla medieval. 

La palabra guerra nos la trajeron los bárbaros del norte de Europa, y viene del antiguo germánico werra, que significaba 'pelea, disputa', y de ahí pasó al latín vulgar, donde adoptó en toda su geografía. Si os habéis percatado, hay una ligera diferencia semántica entre «disputa» (significado original) y «guerra» (significado final). Rencillas aparte, en español, nosotros la recogemos como un germanismo que vino acompañada de otros tantos préstamos del sector militar, tales como: yelmo, dardo, espuela, guarecerse; relativos al vestuario como falda o cofia; y a la diplomacia como heraldo, alianza o embajada. 

Para hacer una breve reconstrucción histórica, el español podría haber atesorado muchos más préstamos del antiguo germano, por la presencia de los visigodos en la península ibérica. Sin embargo, no hubo tanta influencia sobre los romances hispánicos, y el latín pronto sustituyó a su lengua de origen, que ya se encontraba debilitada en el siglo VII. Por lo que en ningún momento hubo periodo de bilingüismo. De hecho, hay un testimonio que lo corrobora, y estas son las pizarras visigodas, textos visigóticos escritos en pizarra con información cultural, social y económica de la época. Tales como documentos que se escribieron en latín entre los siglos VI y VII. En fin, los visigodos no pudieron resistirse al cambio.

Pese a todo, el español conserva un centenar de voces del antiguo germano, sin que se sepa con seguridad si llegaron ya incorporadas del latín. Los más curiosos son los nombres propios: Álvaro, Rodrigo, Gonzalo, Alfonso, Adolfo, Elvira, Gertrudis, así como el sufijo -ez o -iz de nuestros apellidos hispánicos (Fernández, Rodríguez, Álvarez), cuyo origen es prerromano. Pero también conservamos otras palabras como: brote, casta, parra, esquila, ropa, rapar o ganso.

Por último, no podíamos olvidarnos de la palabra godo, que ha quedado en nuestro vocabulario, con el significado de 'orgulloso, altanero', que ya se decía en el siglo XVII. ¿Sabéis que los canarios llaman godos a los de la península, o que los independentistas de las repúblicas americanas se lo decían a los leales de la corona española, o los bolivianos y chilenos a los españoles? En verdad, creo que todos tenemos un pizca de godo. Todo sea por conservar esa raíz germana que nos dejaron nuestros queridos prerrománicos.


-Fuente: La maravillosa historia del español de Francisco Moreno Cabrera (Instituto Cervantes, Espasa, 2015). 

 
Compartir en facebook twitter Google tumblr pinterest

Entradas similares

6 Comentarios

  1. Hola. Me ha gustado mucho el artículo. Qué interesante es siempre saber de dónde vienen las cosas y que diversos orígenes cuando a veces pareciera que "lo español" es algo de una pieza, como inmutable... y sin embargo viene de innumerables aportes de culturas diferentes... en fin...

    Una duda semántica me asalta, sin embargo. ¿Es correcto el término "prerrománico cuando te refieres a pueblos que llegaron después de los romanos? Yo creo que prerrománico se suele referir a los pueblos indígenas anteriores a los romanos: celtas, íberos... Y se llama bárbaros (quizá no muy adecuadamente) o pueblos invasores a los que llegaron después: visigodos, suevos, alanos (germánicos, en general). Corrígeme si me equivoco. Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Olga. Un placer verte por aquí. La verdad es que el origen de las palabras es muchas veces un misterio y nada es lo que parece. Con respecto a lo que planteas, yo no soy una experta en el tema, y me has hecho pensar. De hecho, he cambiado el título a "prerrománico", o sea, antes del periodo románico. El término "prerromano", por el contrario, definiría a lo anterior a lo romano. Pero reto a cualquier experto en la materia a que nos oriente :D

      Un abrazo grande.

      Eliminar
  2. He seguido mirando sobre el tema (soy muy aficionada a la historia, aunque no experta) y creo que el nuevo titular es más acertado. Al igual que "voces del antiguo germano".
    Parece que no mucho más quedó de esa lengua. Los visigodos conquistaron la península pero el latín les conquistó a ellos... ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, tienes razón. Además, el concepto "prerrománico" alude al movimiento artístico que se realizó entre el paleocristiano y el románico. Hay que tener un cuidado con las nomenclaturas... En cualquier caso, el latín era demasiado imparable, pero hubiera sido curioso conocer más a los visigodos.

      Besos, Olga :D

      Eliminar
  3. Me ha gustado el artículo. Sólo una aclaración, los godos no son prerromanos sino posteriores. Seguramente la definición pre románico (https://es.wikipedia.org/wiki/Arte_prerrom%C3%A1nico) o simplemente germánico sean las más correctas. Es curioso el caso de "Guerra" porque es igual de larga que "Bellum", pero se acabó imponiendo hasta el punto de que "Bélico", procedente de "bellĭcus", pasó a ser cultismo frente al neologismo "Guerrero". El caso de "Ganso" es más lógico, aunque llama la atención que el vocablo "Ganso" porque viene del alemán antiguo "Gans", pero la forma latina es "anseris aequabis", donde "Anser" vendría de la forma reconstruida del proto itálico (https://en.wiktionary.org/wiki/anser#Latin) "*hanser" y la proto indoeuropea reconstruida "*ǵʰh₂éns", que guarda relación con la forma "gōs", relativas al ganso.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por tu aportación, Javier. Sí, al final puse "godo" en el título porque tenía más coherencia. Un saludo grande :D

      Eliminar