Jorge Herrero: «Está sobrevalorado el cliché del detective atormentado que parece seguir siempre el mismo patrón»

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Jorge Herrero (Zaragoza, 1990) es un escritor que ha encontrado en la novela negra y criminal su territorio natural, un espacio donde convergen el misterio, la tensión narrativa y una mirada crítica sobre la realidad contemporánea. Como columnista habitual en El Confidencial, Vozpópuli y diversos medios regionales, como El Periódico de Aragón, aborda temas de historia, sociedad y cultura con una mirada analítica, clara y cercana. Desde Zaragoza, continúa desarrollando una obra que tiende puentes entre el mundo digital y la literatura, demostrando que la imaginación puede ser tan rigurosa como el mejor algoritmo y tan inquietante como la sombra de un crimen sin resolver.

 




P.- Cuéntanos, Jorge, ¿de qué trata Fuera del registro?


Fuera del registro arranca con el hallazgo de una persona fallecida en un edificio okupado. Lo que en principio parece un suceso marginal destinado a morir en la sección de sucesos, acaba convirtiéndose en una espiral peligrosa que escala mucho más alto de lo que nadie imagina. La novela es un thriller que disecciona cómo un crimen ignorado por la sociedad puede ser la llave para destapar los secretos mejor guardados. Es, en esencia, el relato de Irene Larré, una periodista que se niega a aceptar la versión oficial y de las consecuencias de no hacerlo.



P.- La protagonista de tu novela es Irene Larré, una periodista que descubre algo que no debería. ¿Por qué no quisiste que la protagonista fuese una policía?


Porque quería que el lector no tuviera red de seguridad. Cuando sigues a un policía, en el fondo sabes que hay una estructura detrás, una institución que le respalda. Con Irene no hay nada de eso. Cada paso que da es sobre terreno inestable, y creo que eso se transmite en la lectura de una forma que ningún protagonista con placa podría generar. 



P.- ¿Y cómo es Irene Larré a este respecto?


Irene es vulnerable de una manera muy real. No tiene protocolo que la guíe ni superiora al que rendir cuentas... bueno, tiene una, pero a menudo esa superiora es su primer obstáculo, no su apoyo. En el periodismo actual, los intereses comerciales o políticos del medio pueden ser una mordaza más efectiva que cualquier amenaza externa. Mientras que un policía corrupto traiciona la ley, un periodista presionado traiciona la verdad.


»Irene se encuentra en esa pinza. Por un lado, la hostilidad de la calle y unas sombras que prefieren no salir a la luz; por otro, una redacción que a veces prefiere la comodidad del silencio antes que una investigación que levante ampollas. Esa soledad de Irene es doble: es externa frente al sistema, e interna frente a su propia profesión. Y eso, para mí, es mucho más interesante que cualquier procedimiento policial. Irene conecta con algo muy humano y es la sensación de enfrentarse a algo más grande que tú sin más armas que tu propia determinación. Y creo que eso es lo que realmente ha enganchado a los lectores.



P.- ¿Cómo se siente un escritor al ambientar una novela en su tierra, Zaragoza?, ¿cómo fue ese proceso de ambientación?


Escribir sobre tu propia tierra es un arma de doble filo. Juegas con la ventaja de conocer cada rincón, pero tienes la responsabilidad de no caer en la postal típica. Para mí, ambientar el libro en Zaragoza fue un proceso de redescubrimiento. Quería alejarme de la imagen monumental tan rica que tenemos y centrarme en esa Zaragoza de contrastes, la que late en los barrios, en los edificios que esconden historias y en esas calles que todos cruzamos, pero pocos miramos de verdad.



P.- Entonces, ¿lo disfrutaste?


Sí, el proceso de ambientación lo disfruté muchísimo. Estuve cerca de año y medio escribiendo el libro y creo que la ambientación se llevó gran parte del tiempo. Muchas veces cogía el portátil y me iba a escribir a los mismos lugares que aparecen en la novela. Había algo en estar físicamente allí, respirando ese mismo ambiente, que se trasladaba directamente a las páginas. Aproveché elementos tan nuestros como el cierzo o la luz de la ciudad para subrayar partes de la historia. En la novela, Zaragoza no es solo un decorado, es un personaje más que respira, que a veces es acogedor y otras veces se vuelve gélido y hostil, especialmente cuando la investigación se adentra en lugares peligrosos.


»Quería que el lector que conoce la ciudad la reconociera en los detalles, y que quien no la conoce sintiera que está caminando por ella, notando ese frío que se te mete en los huesos mientras buscas una verdad que quema.



P.- Hackers, especulación inmobiliaria, okupas…, ¿en qué tuviste qué documentarte?, ¿dónde lo hiciste?


Creo que para que un thriller funcione los cimientos tienen que ser sólidos, y en este caso la documentación fue un proceso exhaustivo, pero también muy personal. 
Con el mundo de los hackers jugaba con ventaja. Parte de mi formación académica está en la seguridad informática, así que moverme en ese lenguaje me resultó natural. No quería caer en los clichés del cine, quería que el libro se moviera en una realidad técnica creíble porque es un mundo que conozco desde dentro.


»Con la okupación, la documentación me vino impuesta por la realidad. A un familiar cercano, una persona mayor, le okuparon su casa del pueblo y me encargué de gestionar todo el procedimiento de principio a fin. Estar inmerso en ese laberinto legal y administrativo me permitió ver de cerca la impotencia, los tiempos de espera y las fisuras del sistema. También escuchar y ver los puntos de vista de cada profesional involucrado me aportó mucha información para escribir.


»Y con la especulación inmobiliaria, el momento clave llegó al comprar junto a mi mujer nuestra primera vivienda. Descubrí de primera mano lo peculiar y a veces opaco que es este mercado. Ver cómo funcionan los hilos de las propiedades y los fondos desde la perspectiva de un comprador real me dio la clave para entender cómo esos mismos hilos, a gran escala, pueden llegar a estrangular un barrio entero.


»Al final, Fuera del registro se nutre en parte de esas experiencias propias: de lo que he estudiado, de lo que he sufrido con mi familia y de lo que he visto al intentar construir mi propio hogar.



P.- Fuera del registro es la primera novela autoconclusiva de la serie Riberas del silencio. ¿Cómo esperas que sean las siguientes, hasta donde puedas contar?


Riberas del silencio
nace con vocación de trilogía. Fuera del registro es la primera entrega, autoconclusiva, lo que significa que tiene su propio arco narrativo cerrado y se puede leer de forma completamente independiente. Pero para quien quiera seguir el viaje, hay mucho más por delante. 
La serie irá creciendo geográficamente. Cada entrega nos llevará a nuevos escenarios, siempre dentro de España, pero con una progresión que los alejará cada vez más de Zaragoza, hasta llegar a un punto concreto en la tercera. Bueno, habrá también una breve incursión fuera de nuestras fronteras, porque algunas historias no caben dentro de un solo país, hasta aquí puedo escribir.


»Lo que sí puedo adelantar es que la segunda entrega podría llegar a finales de este año si todo va según lo previsto. Irene y el resto de personajes tienen aún muchas páginas por delante, y yo tengo muchas ganas de escribirlas. En el fondo, Riberas del silencio es un proyecto ambicioso. Quiero que cada novela funcione sola, pero que quien las lea todas sienta que ha hecho un viaje completo.



P.- Háblanos de título, ¿nos puedes decir con qué se relaciona?, ¿barajaste otros títulos?


El título Fuera del registro juega con una dualidad que atraviesa toda la novela. Por un lado, hace referencia a esa información que se da en la sombra bajo compromiso de confidencialidad: lo que se cuenta entre susurros, sin grabadoras de por medio, y que a menudo es la única verdad real a la que un periodista puede aspirar. Por otro lado, alude a lo que ocurre en los márgenes de la ley, en esos edificios y vidas que el sistema ha dejado de contabilizar y que están, literalmente, fuera de cualquier registro oficial. 
Es curioso, porque cuando estuve en contacto con editoriales me propusieron varios títulos alternativos. Hubo una lluvia de ideas interesante, pero ninguno terminaba de encajar con la esencia de la historia. Para mí era fundamental que el título resumiera esa sensación de moverse en lo no oficial. Al final, decidí mantenerme firme con Fuera del registro porque es precisamente ahí, donde no llega el registro de la propiedad ni el boletín oficial, donde empieza la verdadera investigación de Irene Larré.



P.- ¿Y la cubierta?, ¿quién te la ha hecho?, ¿barajaste otras?


La cubierta es una de las partes más especiales de este proyecto porque tiene un sello muy personal y corre a cargo de mi mujer. Ella siempre está con su tableta digital, dibujando y explorando nuevas formas visuales por entretenimiento, así que era la persona que mejor podía captar la esencia de lo que yo había escrito. 



P.- ¿Se leyó la novela primero?


Sí; de hecho, ella fue la primera lectora del libro en cuanto estuvo el borrador final. Conocer la historia desde dentro le permitió diseñar una portada que no es solo estética, sino que encierra la atmósfera exacta de la novela. La imagen lo dice todo sin decir nada. Irene de espaldas, sola ante un edificio oscuro y deteriorado, con Zaragoza reconocible al fondo. Una mujer enfrentándose a algo más grande que ella, en una ciudad que prefiere mirar hacia otro lado. Hizo muchas pruebas y barajamos otras opciones, pero al final buscábamos algo que transmitiera esa sensación de intriga y de capas ocultas que tiene el libro, y creo que lo consiguió muy bien.



P.- Y no querías que la diseñara otra persona. 


Claro. Sinceramente, sentí que ese nivel de personalización y de cariño no me lo podía ofrecer ninguna editorial o profesional. Sin desmerecer el trabajo de nadie, hay una conexión emocional en el diseño que solo alguien que ha convivido con los personajes tanto tiempo como ella podía plasmar. Pero su aportación no se quedó ahí, también creó un booktrailer que fue la carta de presentación del libro. Actualmente supera las 7000 visitas y ha sido una herramienta clave para la difusión. Tener esa complicidad en el proceso creativo ha sido un regalo. Nadie mejor que ella para ponerle cara y movimiento a una historia que nos ha acompañado en casa durante tanto tiempo.



P.- Has escrito un thriller urbano, ¿qué tiene que tener una novela de este género para que te atrape a ti como lector? 


Lo que busco en un thriller urbano es esa sensación de vulnerabilidad en lo cotidiano. Me atrapa cuando la historia consigue que mires la ciudad con otros ojos, descubriendo que el peligro no está en un callejón oscuro de película, sino en los despachos o en los edificios por los que pasas cada día.



P.- Vayamos a lo concreto de lo que ocurre en despachos.


Pues lo primero que busco es la ambigüedad moral. Me aburren los héroes inmaculados, mucho, cada día más. Me atrae un protagonista que, para hacer lo correcto, a veces tiene que bordear lo que no lo es. Esa lucha interna, ese mancharse las manos por una causa mayor, es lo que hace que un personaje sea humano y no un simple estereotipo de papel.


»Luego está la verosimilitud del conflicto. Lo que más me inquieta como lector no es un asesino en serie de película, sino descubrir que la verdadera amenaza está en un despacho de abogados, en un contrato de alquiler o en un vecino que parece inofensivo. Cuando el thriller consigue que mires con sospecha el edificio de enfrente al cerrar el libro, es que ha funcionado.


»Y después está algo que para mí es el motor más potente de una historia: la soledad del investigador. No hablo de que no tenga amigos, sino de esa soledad intelectual de quien sabe una verdad que nadie quiere escuchar. Esa vulnerabilidad de estar solo frente a un sistema que prefiere el silencio es lo que busco en mis lecturas dentro de este género, y es lo que he intentado volcar en la piel de Irene.



P.- Tu novela salió al mercado el 9 de febrero del 2026, y ya tienes 36 reseñas en Amazon y 170 en Goodreads. ¿Cómo lo has hecho, para ser tu primera novela publicada? 


Honestamente, creo que ha sumado un poco todo. No hay una fórmula mágica ni he contratado ninguna empresa de publicidad, está siendo un trabajo constante al que dedico su tiempo cada día. 
Una parte importante tiene que ver con mi trayectoria previa. Llevo años escribiendo regularmente artículos culturales, históricos y de opinión en diferentes medios nacionales, y eso genera una comunidad de lectores que ya te conoce y que confía en tu forma de contar las cosas. No lo hace todo, pero es una base muy sólida sobre la que construir.


»Antes de publicar, contacté con varios grupos de lectura que se animaron a leer el libro antes de que saliera al mercado. Tuvieron la primicia y les estoy enormemente agradecido por el trato que me dieron y por la generosidad de sus comentarios. Eso fue clave para arrancar con fuerza desde el primer día.


»Después vinieron diferentes colaboraciones, principalmente en Instagram, el boca a boca entre lectores y, algo que me hace especial ilusión, el hecho de que el libro se está vendiendo muy bien en pequeñas librerías de Zaragoza. Hay algo muy bonito en que tu ciudad te acoja así, y poco a poco se está expandiendo más allá. Al final, creo que cuando un libro conecta de verdad con la gente, los propios lectores se convierten en los mejores embajadores, y eso no se compra.

 


P.- Con una trayectoria ya consolidada en medios, ¿por qué decidiste gestionar tú mismo la publicación de la novela?


Elegí el camino de la edición independiente porque buscaba un control total sobre mi obra. Tras hablar con algunas editoriales, sentí que entre lo que yo tenía en la cabeza y lo que me ofrecían, había una distancia que no era capaz de aceptar. Para mí, era innegociable que la portada fuera de mi mujer, que el ritmo de publicación lo marcara la propia historia y que la trama principal fuera fiel a lo que yo había imaginado.



P.- ¿Y crees que has acertado en la decisión?


Soy consciente de que he tomado el camino más difícil. Muchos compañeros me dicen que invertir tu propio dinero y no contar con el respaldo o la difusión de una editorial es un riesgo enorme, y puede que tengan razón. Sin embargo, aunque el libro sea independiente, no he trabajado solo: contraté los servicios de una editora freelance con la que conecté desde el primer minuto. En ninguna de las opciones editoriales que tenía encontré esa sintonía profesional que ella me ofreció para pulir el texto. Quizá si hubiera insistido más, habría encontrado la editorial “ideal”, quién sabe, pero estoy convencido de que la autopublicación hoy permite ofrecer un producto de altísima calidad profesional sin perder la esencia personal.


»Y sí, viendo la respuesta de los lectores, creo que ha sido un acierto. No cierro la puerta a trabajar con una editorial en el futuro, pero tendría que ser una que compartiera estos mismos principios y respetara el alma de la historia. De momento, estoy muy orgulloso del resultado y de la libertad que he ganado.



P.- Cuatro preguntas cortas:


➥¿Lees en formato digital o en papel? Leo en ambos, con los años no me ha quedado otra. El papel tiene ese componente sensorial y de pausa que me encanta para las lecturas de fin de semana, pero el digital es una herramienta imbatible para el día a día, especialmente cuando viajo o necesito consultar bibliografía rápido. Creo que lo importante es la historia, no el soporte.


¿Has mandado tu novela a alguna agencia literaria? No, no la he enviado a ninguna agencia. Sin embargo, sí que la envié a algunas editoriales; unas me contestaron y de otras aún estoy esperando. Supongo que tienen un volumen de trabajo grandísimo, y eso fue precisamente una de las razones que reafirmó mi idea de no esperar más y gestionar el proyecto yo mismo sin buscar más opciones.


¿Qué novela negra crees que está sobrevalorada? Más que un título concreto, creo que está sobrevalorado el cliché del detective atormentado que parece seguir siempre el mismo patrón. Me interesan más las historias que rompen moldes que las que simplemente replican una fórmula de éxito asegurado.


¿Qué novela negra crees que merecería más repercusión de la que tiene? Difícil pregunta, podría citar muchas novelas pero me quedo con Las buenas intenciones, de Víctor del Árbol. Es el ejemplo perfecto de cómo el género negro puede ser una disección social profunda. Lo que hace especial a Víctor es su capacidad para describir la maldad humana y cómo el pasado nos acaba alcanzando. Frente a esos thrillers que se consumen rápido y parecen todos iguales, esta obra te obliga a reflexionar sobre la culpa y el dolor mucho después de cerrarla. Es una apuesta por la literatura con poso y creo que no se valora como merece.



P.- ¿Qué cambiarías del sector editorial del libro en nuestro país?


Si algo cambiaría del sector editorial es un poco esa tiranía de la inmediatez que existe. Hemos aceptado un ritmo de consumo que es antinatural para la literatura, hoy parece que un libro nace con fecha de caducidad. Si no logra un impacto masivo en sus primeras dos o tres semanas de vida, el sistema lo deja de lado para dejar hueco al siguiente viral de turno. Se ha impuesto una política de usar y tirar que trata al libro como un producto perecedero y no como una obra que necesita tiempo para encontrar su sitio. Esta velocidad frena la apuesta por el riesgo. Creo también que el fenómeno del influencer literario también ha acelerado los ciclos; cuando una recomendación se vuelve viral, se genera un pico de demanda inmediato que las editoriales han aprendido a perseguir. Esto premia la visibilidad instantánea sobre la construcción lenta de una reputación literaria. Al final, creo que se ha desdibujado esa figura del editor que acompañaba al autor en una carrera de fondo, ahora lo que prima es el sprint constante.


»Lo que más se resiente con todo esto es la bibliodiversidad. Si solo sobreviven las historias que encajan en estos ciclos de consumo frenéticos o las que están firmadas por influencers, corremos el riesgo de que muchas obras magníficas mueran antes de que el boca a boca y el proceso natural las rescate. El sector no necesita más velocidad, necesita recuperar algo que ha ido perdiendo sin darse cuenta y es la convicción de que un buen libro siempre encuentra su lector, aunque tarde un poco más en llegar.



P.- Necesitamos recomendaciones literarias:

Una novela negra ambientada en una ciudad. Memento mori, de César Pérez Gellida. Es el ejemplo perfecto de cómo una ciudad española puede ser el marco ideal para una novela negra de altísimo nivel.


Una novela que has leído en lo que llevamos de 2026 que te haya gustado especialmente. He disfrutado muchísimo con la última novela de Luis Zueco, El juicio. Es un acierto absoluto cómo combina el entretenimiento puro con un aprendizaje histórico profundo, se nota que hay un trabajo de documentación ingente detrás de cada capítulo. Además, me ha gustado especialmente que haya rescatado a un Goya diferente, alejándolo de esa etapa final en Burdeos, donde todo el mundo lo encasilla. Ha sabido interpretar su figura con una fidelidad y una humanidad que no son nada fáciles de encontrar en el mundo literario actual.



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