Carlos Lozano: «Este proyecto ha sido mi apuesta para encontrar mi identidad como escritor»




Carlos Lozano Ascencio (México 1962) reside en Madrid desde hace tres décadas. Es licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional Autónoma de México y Doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. Ha publicado libros en equipos de investigación como Ensayo general sobre la Comunicación (2006), La faena de lo incierto: Incertidumbre y medios de comunicación (2010), 1810 Las independencias americanas (2013), Confiar en la prensa o no (2013) y Periodismo de riesgo y catástrofes (2017). En el terreno de la ficción ha publicado: Platos combinados (2009) y Ana desde hace tiempo (2018). Actualmente es profesor titular en el área de periodismo de la Universidad Rey Juan Carlos.







P.- Carlos, cuéntanos de qué trata Laida no es mi nombre, el segundo libro del proyecto literario La contracorriente del Golfo.

R.- Laida reconstruye la vida de una mujer madrileña (cuyo verdadero nombre es Lidia) que al cumplir cuarenta años aprovecha para escribir todos los recuerdos de su pasado más comprometido y así ajustar cuentas con sus amigos más cercanos, sus familiares y consigo misma. Quiere recordar los momentos más significativos de su historia con la intención de poder olvidarlos y volver a empezar de cero.


P.- Laida no es mi nombre es la segunda novela no seriada de la colección La contracorriente del Golfo (la primera fue Ana desde hace tiempo). Cuéntanos como se relacionan ambas novelas.

R.- No hay una relación de continuidad entre Ana desde hace tiempo y Laida no es mi nombre porque son dos relatos diferentes. No hay que leer una para entender otra. Sin embargo, ambas se enmarcan en el contexto de La contra-corriente del Golfo; es decir, donde los personajes, los conflictos, las referencias históricas, los desenlaces… tienen que ver con ese lugar en el que las dos orillas se tocan o se convierten en una.


P.- Las historias van y vienen de una orilla a otra del océano Atlántico. ¿Necesitabas escribir esta serie para sentirte más cerca de México?

R.- Yo creo que este proyecto ha sido mi apuesta para encontrar mi identidad como escritor. Se puede escribir sobre cualquier tema, pero uno no busca «cualquier tema» para hacer una novela, a menos que escribas por encargo. Entonces, cuando te preguntas seriamente: ¿Qué puedo escribir yo a diferencia de los demás?, la respuesta es una indagación interior que te ubica en un cruce de caminos en el que se pueden ver tus intereses, tus experiencias, tus habilidades, tus limitaciones… Cuando llegué a vivir a España hace treinta años (1989) no sabía qué escribir ni cómo hacerlo. Tardé mucho tiempo en darme cuenta, pero cuando hice conciencia de lo que era, dónde y cómo estaba, vi con más claridad lo que tenía que escribir.


P.- Latinoamérica está muy presente en Laida no es mi nombre, tanto que marcas coordenadas imaginarias entre ciudades. Dinos, ¿qué influencias de la literatura latina podemos encontrar en esta obra?

R.- Seguramente hay influencias de libros que he leído desde joven, por ejemplo, La muerte y otras sorpresas de Mario Benedetti; Aura de Carlos Fuentes; La casa de los espíritus de Isabel Allende; Los detectives salvajes de Roberto Bolaño; el desparpajo de Alfredo Bryce Echenique; el compromiso periodístico de Elena Poniatowksa y Fernando Benítez; alguna policiaca de Paco Ignacio Taibo II o, incluso, Arráncame la vida de Ángeles Mastreta… Están ahí, en mis textos, no sé cómo, pero son como voces que escuchas cuando decides ir en una dirección determinada. 


P.- En este libro se reúnen cuatro amigos que recuerdan sus vivencias en los años 80 y 90 en México y Madrid, ¿qué significa Laida entre todos ellos?

R.- Laida es la protagonista, la que cuenta la historia, el punto de partida y de llegada, la voz de la conciencia, la que toma las decisiones más arriesgadas a pesar de ser la más conservadora, es la luz en el laberinto de los perdedores. Tres de esos cuatro amigos se reúnen casualmente para intentar recuperar lo mejor de sus experiencias vividas en el Madrid de la movida, pero solo Laida ve en ese encuentro una salida para encarar su futuro personal, porque está convencida en rescatar y mantener todo aquello que la define y la diferencia de los demás.




P.- Con todo este marco histórico y cultural, ¿qué temas se tocan en Laida no es mi nombre?

R.- Me gusta que mis personajes estén cerca de grandes acontecimientos históricos, aunque no sean los artífices de lo que sucede, por ejemplo, un personaje por una casualidad imprevista se pierde formar parte del Escuadrón 201, el batallón de aviones con el que México participó en la Segunda Guerra Mundial; otro personaje conoce en persona al subcomandante Marcos, en el interior de una furgoneta, poco antes de que se llevara a cabo la sublevación del Ejército Zapatista de Liberación Nacional; reconozco que en mis novelas es recurrente la mención al terremoto de 1985 en la ciudad de México. En mis novelas también están presentes temas de actualidad, asuntos que despiertan discrepancias como la eutanasia, la España vaciada, el abuso de menores, el sinhogarismo o el poliamor.


P.- ¿Podemos encontrar parte de tu biografía en esta novela?

R.- Sin duda. Es más, yo creo que la gente que está más cerca de mí tiene la capacidad de encontrar y descifrar escenas, personajes y escenarios que aparecen en los relatos. Me dicen: «yo estaba ahí», «eso es un pequeño homenaje o un guiño a tal o cual persona»«ahora entiendo por qué sueles decir tal expresión», etc. Si la gente que me rodea puede decir eso de mis novelas, ¡imagínate lo que puedo decir yo! Yo estoy ahí dentro, vivo ahí, me transmuto en alguno de mis personajes. Porque, para qué vamos a engañarnos, los escritores creamos un universo a partir del cual queremos llamar la atención del lector para contarle nuestras cosas.


P.- Ana desde hace tiempo (2018) y Laida no es mi nombre (2019), ¿por qué has querido focalizar la historia o el título en mujeres?

R.- No ha sido algo premeditado, no tiene una explicación de mercadotecnia ni tampoco hay mucha lógica, solo casualidad. Ahora bien, lo que sí es deliberado es el grado de dificultad que yo solito me he impuesto para que, en el caso de Laida, la protagonista sea mujer y española. Yo tenía algunos reparos en que los lectores me dijeran que Laida no piensa ni actúa como mujer, que no habla como madrileña, etc., pero, por lo pronto, parece que esa dificultad que me puse como escritor no ha sido interpretada como un obstáculo para los lectores.



Las editoriales mexicanas me decían que mis textos eran muy españoles, y las editoriales españolas se excusaban al decir que mis novelas eran muy mexicanas 




P.- Ambas novelas las has autopublicado en Amazon. ¿Por qué no has optado por una editorial tradicional?

R.- Claro que he optado por las editoriales tradicionales. Yo escribo desde hace mucho tiempo y me he cansado de enviar propuestas a editoriales españolas y mexicanas que por lo general no respondían a mis mensajes; y cuando lo hacían, las editoriales mexicanas me decían que mis textos eran muy españoles y las editoriales españolas se excusaban al decir que mis novelas eran muy mexicanas. Perdía el tiempo al intentar explicar que lo que ellos veían como una desventaja en realidad era una ventaja. La autopublicación en Amazon te ofrece la posibilidad de presentar y vender directamente un producto ya acabado, un libro, a tus lectores. Aunque te voy decir algo más, a las editoriales también les interesa ver un libro ya editado porque así no tienen que imaginárselo y pueden ver cómo está funcionando. En definitiva, a pesar de utilizar la autopublicación de Amazon no renuncio a hablar con las editoriales tradicionales.


P.- En tu web tienes fotos de tus lectores. ¿Sabes si tu libro lo han leído más españoles o mexicanos?

R.- Tengo que agradecer a mis lectores que me hayan enviado sus fotos leyendo mis novelas. Es un espaldarazo, un voto de confianza. Ahora bien, mis novelas, de momento, tienen más lectores españoles que mexicanos y esto se debe a una razón técnica, dado que Amazon aún no tiene disponible en el mercado de México la versión impresa. Supongo que esto influye, aunque también te digo que en las sociedades actuales, por una parte, la gente no lee, y la que lee, lee muy poco y, por otra parte, la gente que lee poco tiene una oferta inmensa de lecturas como nunca antes se había visto.




Hay que generar postgrados universitarios mucho más acordes con la realidad



P.- Eres el director del máster de Periodismo Cultural en la universidad de Rey Juan Carlos. ¿Qué ocurre con los másteres en España?, ¿por qué apenas tienen salidas y existe la opinión generalizada de que el contenido es pobre?

R.- Con los másteres universitarios pasa como con los libros, en tanto que existe una oferta inmensa donde elegir. Habrá quien sostenga que el mercado depura la calidad de los másteres, que se eliminan los malos y sobreviven los mejores. Yo no creo tanto en ese formato neoliberal de los postgrados de las universidades públicas españolas, yo más bien creo en apostar por la calidad de los mismos y, en consecuencia, ofertar menos, pero con muchos más recursos para asegurar las proyecciones académicas y profesionales de los estudiantes. Bolonia revolucionó para mal el sistema educativo español y creo que todavía tenemos la asignatura pendiente de generar postgrados universitarios mucho más acordes con la realidad.


P.- ¿Qué satisfacciones te da la escritura que no te da tu trabajo cotidiano?

R.- Escribir no solo es un placer, es una forma de vida. Yo muchas veces escribo para vivir lo que no he podido vivir. La escritura no siempre es dulce, requiere mucha disciplina y sobre todo mucha paciencia, porque ella sola, con el tiempo, madura, se aleja, recorre caminos propios y aunque lleve tu letra y tu firma se independiza de ti, cobra vida, te pertenece cada vez menos y le pertenece cada vez más al lector que la actualiza a su manera, la reinterpreta y la hace suya.


P.- Es hora de hacer balance de las lecturas del año. ¿Cuál ha sido la novela que más te ha marcado en este 2019?

R.- No sé si me ha marcado, pero sí reconozco el enorme esfuerzo y el riesgo que ha corrido José Ángel Mañas con sus Conquistadores de lo imposible, (Arzalia, 2019) una novela pertinente por los 500 años del inicio de la conquista de México, muy atrevida por su afán de revisitar con mucha imaginación determinados hechos históricos tan determinantes e influyentes para nuestras sociedades actuales.  



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