P.- En 2019, fundasteis en San Javier, Argentina, Chai
Editorial, ¿en qué condiciones y de dónde veníais?
Nosotros nos dedicábamos a otra cosa pero siempre nos gustó
mucho leer. Además, nos habíamos mudado hacía unos meses desde Buenos Aires a
un pueblo pequeño de las sierras de Córdoba. En medio de todo eso, empezamos a
pensar en armar una editorial, la idea desde el principio fue dedicarnos a
traducir narrativa contemporánea. A partir de ese momento, investigamos y
leímos libros sobre edición, nos reunimos con personas del sector y aprendimos
algunas cosas sobre el oficio. La idea siempre fue compartir lecturas, algo que
veníamos haciendo desde siempre: el primer impulso fue quizá que más personas
leyeran lo que a nosotrxs nos entusiasmaba.
P.- En España, fundar una editorial requiere cierta dosis de
valentía, ¿vosotros creísteis que ibais a llegar tan lejos en el tiempo como lo
habéis hecho?, ¿y con tantos lectores?
La última vez que fuimos a España se sintió como una especie de milagro: los títulos de Chai estaban en todas las librerías y los libreros y libreras conocían y recomendaban nuestros libros. La verdad es que pensamos mucho antes de lanzar Chai allá, también trabajamos un montón para que los libros salgan lo mejor posible. Por suerte, el catálogo fue encontrando lectores y lectoras y eso nos da mucha alegría. Fundar una editorial es quizá valiente en cualquier lado pero también, para mí, es lo más lindo que uno puede hacer.
P.- ¿Qué tenía Ocho, de Amy Fusselman, para ser la
primera novela con la que arrancasteis Chai Editorial?
Ocho es un libro que se lee con placer y eso marca un
poco el espíritu de la editorial: buscamos textos que nos den ganas de leer,
que nos conecten con el placer de la lectura lejos de la solemnidad. Con esa
novela de Fusselman nos reíamos en cada relectura y también nos emocionábamos.
Es un libro que queremos mucho, quizá también tenga que ver con que, junto a Un
hombre con suerte de Jamel Brinkley, fue el título con el que de alguna
manera más aprendimos.
P.- La otra hija, de Santiago La Rosa, o La luz y
la montaña, de Soledad Urquía, son los libros que habéis publicado como
novelistas, ¿os gusta más trabajar como editores o como escritores?, ¿dónde os
sentís más cómodos?
Sentimos que tanto editar como escribir son una consecuencia
casi natural de la lectura: nosotrxs dos somos principalmente lectores. Por
otro lado, el trabajo de edición de alguna manera retroalimenta nuestra
escritura, que parte de nuestro trabajo sea leer y trabajar textos es un
privilegio enorme.
P.- Habladnos del diseño de las cubiertas. ¿Los colores son
aleatorios?, ¿y por qué habéis optado por poner una fotografía central?
Desde el principio, tuvimos claro que queríamos un diseño que
hiciera posible distinguir fácilmente nuestros libros, como hace Anagrama,
Impedimenta y otras editoriales que admiramos mucho. Es raro, pero la primera
idea que tuvimos fue que las portadas se parecieran a un póster de una
película. Todo esto derivó en que las portadas consistirían en un Pantone y una
foto, casi siempre de algún fotógrafo o fotógrafa argentina. Los colores son
aleatorios, casi siempre tienen que ver con la foto. Igual tratamos de no
publicar, por ejemplo, dos libros naranjas seguidos.
P.- En vuestra cuenta de Instagram, preguntáis a vuestros
seguidores qué futura cubierta les puede gustar más. Mostrarse así de cercanos
es una maravilla. Otras editoriales se muestran cerradas e inexpugnables, ¿por
qué lo hacéis vosotros?
Nosotrxs pensamos la edición como un diálogo, de alguna
manera publicar un libro que presenta una voz nueva o desconocida en español
abre una conversación o al menos esa es nuestra intención. Parte de ese diálogo
también consiste en incluir de la manera que se pueda a nuestros lectores y
lectoras en las distintas instancias del proceso editorial. Elegir una portada
nos parece una de las partes más divertidas de nuestro trabajo y nos gusta
compartir eso.
P.- Solo publicáis libros traducidos, ¿de qué idiomas? ¿Nunca
habéis tenido la tentación de publicar un libro escrito en castellano?
La tentación siempre está, pero por ahora preferimos seguir en la línea de traducciones exclusivamente. Por el momento, tenemos libros traducidos del inglés, del francés, del japonés y del alemán. El año que viene tendremos la primera traducción del islandés.
P.- Vosotros miráis las traducciones al dedillo, pero ¿qué
ha sido lo más loco que os habéis encontrado en una traducción, o si nos
queréis contar alguna curiosidad a este respecto?
Nos han pasado todo tipo de cosas en este año, algunas buenas y otras no tanto, pero hemos podido resolverlas siempre con la prioridad de que el texto salga lo mejor posible. Una situación que nos hizo pensar mucho fue que Cynan Jones, un autor del que publicamos muchos libros, fue traducido por tres personas distintas: Esther Cross, Laura Wittner y Matías Battistón. Este autor tiene un estilo muy particular y los tres hicieron un trabajo excelente y muy distinto entre sí, no podría decir cuál traducción es mejor. Esto trajo luz, de alguna manera, respecto a la cantidad de decisiones que toma un traductor o traductora y cómo eso impacta en el texto final. Para nosotrxs, el trabajo de los traductores es fundamental.
P.- Dorayaki, de Durian Sukegawa quizá haya sido la
novela más vendida en vuestra editorial, ¿a qué creéis que se debe?, ¿y por qué
en un libro que trata sobre cocina, postres, habéis elegido una portada que no
hace referencia a nada culinario?
Nos sorprende mucho lo que está pasando con Dorayaki y
estamos muy agradecidxs con la recepción que ha tenido el libro. Sentimos que
es una novela tierna, delicada y, al mismo tiempo, con una cierta profundidad.
Es un libro que la gente compra para leer y que, después, sigue comprando para
regalar porque funciona incluso para personas que no leen tanto. Desde el punto
de vista literario, es una novela de apariencia sencilla pero muy bien hecha,
en la que todo cierra de manera perfecta y en la que, a pesar de la calma que
se siente al leerla, pasan un montón de cosas todo el tiempo.
»Cambiamos el título a último momento, se iba a llamar Pasta
de azuki. Con la tapa nos pasó algo similar, dimos muchas vueltas, algo que
no suele pasarnos. En general, a las fotos las proponen los diseñadores, pero en
este caso nosotrxs encontramos esta imagen y sentimos que era perfecta para el
libro. Al frente del puesto de dorayakis de Sentaro hay un árbol de cerezo que
va marcando la temporalidad de la novela. Nos gusta mucho esa idea.
P.- Los recuerdos del viejo Jack, de Wendell Berry,
es el último libro que habéis publicado. ¿Cuál va a ser el próximo? ¿Cada
cuando tiempo sacáis un libro al mercado y por qué esa cuantía?
Justo hoy entró a imprenta nuestra próxima novedad: Días
de juego de Benjamin Markovits. Saldrá en abril y estaremos junto al autor
presentando el libro en Madrid.
»Nosotrxs publicamos entre ocho y diez libros al año.
Sentimos que se publican muchos libros todo el tiempo, sobre todo en España, y
nuestra decisión es publicar menos pero todos libros que nos gusten y
entusiasmen muchísimo. Además, como nosotrxs nos ocupamos de todas las instancias
de edición es lo que podemos abarcar por el momento.
P.- ¿Cuál ha sido el libro de vuestro catálogo que no
pensabais que iba a tener tanta repercusión ni ser tan vendido?
Pasó algo muy raro con ¿Hay alguien ahí? de Peter Orner.
Cuando leímos el manuscrito por primera vez nos encantó. Después pedimos un
informe de lectura a Damián Tullio, que finalmente fue su traductor. A él
también le gustó mucho pero nos recomendaba no publicarlo porque ¿quién iba a
comprar un libro sobre libros, en el que aparecen autores y autoras que en
muchos casos ni siquiera han sido traducidos al español? De todas formas
decidimos publicarlo y la recepción que tuvo el libro fue sorprendente. El autor
visitó España, Chile y Argentina y se acercaron muchas personas a hablar con él
y a escucharlo.
»Esta experiencia, que fue cuando estábamos empezando con la editorial, nos ayudó también a confiar en nuestro instinto: si a nosotrxs nos gusta, seguramente el libro encontrara otros lectores, no somos tan especiales después de todo.
Pusimos eso en nuestra web porque nos llegaban muchos
manuscritos en español, diría que a diario. Como nosotrxs solo publicamos
traducciones, no leemos textos escritos en español.
P.- Si no aceptáis manuscritos en vuestra web, ¿cómo
conseguís los originales?, ¿cómo dais con ellos?
Para las contrataciones de libros de autores extranjeros, siempre tenemos la mediación de los agentes. Aunque lleguemos a un libro a
través de otros libros y lecturas, a partir de los catálogos de editoriales
extranjeras que leemos y en cuyo criterio confiamos, siempre está la figura del
agente. Tras las primeras contrataciones, empezamos a formar parte de las
agendas de esas agencias que nos bombardean (con mayor o menor precisión) de
proyectos posibles. Muy pocas veces contratamos alguna de esas propuestas. Nos
gusta bucear en los catálogos y descubrir los libros por nuestra cuenta.
P.- ¿Tenéis alguna anécdota curiosa sobre cómo habéis
conseguido los derechos de autor de uno de vuestros libros?
Es, quizás, una de las excepciones a lo que decíamos más
arriba. Cuando una agencia envío la propuesta de El resto de nuestras vidas
de Benjamin Markovits, el correo no venía repleto de los típicos blurbs
elogiosos y las comparaciones con autores de éxito. Adjuntaba, en cambio, una
carta del editor histórico de Markovits en Faber que decía, y acá parafraseamos
un poco, que siempre es difícil acompañar a un autor literario, siempre es
difícil que sus libros vendan, incluso cuando se trata de uno del talento de
este. Sabiendo que es difícil apostar, nos decía en la carta, les pido que lean
este libro y lo consideren para su traducción porque se trata de la cima en la
escritura de un escritor maravilloso. Esa carta nos conquistó y empezamos a
leer inmediatamente. El libro fue finalista del Booker, se convirtió en uno de
nuestros éxitos y Markovits en un autor de la casa.
P.- ¿Qué pensáis que habría que cambiar en el sector del
libro argentino?
La verdad es que no sé si hay algo que debería cambiar, el
sector del libro ha sobrevivido a muchas crisis de todo tipo y sigue siendo
diverso y muy interesante. Ahora es un momento particularmente difícil en
Argentina pero, a pesar de la recesión y las condiciones económicas cada vez
más hostiles, la gente sigue comprando libros y compartiendo lecturas.
P.- Desde España, necesitamos una recomendación de libros
argentinos. ¿Qué autor que ha publicado en los meses anteriores nos
recomendaríais?, ¿qué novela que tenga una temática primaveral nos
recomendaríais de vuestro catálogo?
A finales del año pasado Anagrama publicó Un cementerio perfecto de Federico Falco. Es un libro que ya había sido publicado en Argentina hace unos años. Recomendamos mucho leer sus cuentos en primavera y todas las estaciones del año. También un libro muy lindo que se llama La madre de Beckett tenía un burro de Matías Battistón. Es un libro divertido, erudito y muy interesante sobre la traducción y todo lo que implica.
*Gracias a Chai Editorial por mostrarse cercana, amable y accesible.


