Mar Aísa: «Siempre he sentido fascinación por la cultura rusa»




Mar Aísa Poderoso nació en Zaragoza en 1967. Es Licenciada en Filosofía y Letras en la especialidad de Historia Moderna y Contemporánea. Desde 1995 reside en Logroño en donde ejerce como profesora de Geografía e Historia y Filosofía. Ha desarrollado tareas de dirección y en la actualidad lleva a cabo también labores de formación de profesorado. En la actualidad realiza también colaboraciones en revistas culturales. Le encanta leer, viajar y el cine. Con Dostoievski en la hierba inicia su carrera como escritora.






P.- ¿De qué trata Dostoievski en la hierba?

R.- Dostoievski en la hierba es una novela negra ambientada en Logroño, que comienza tras la traca final de unos fuegos artificiales. En ese instante mágico en el que se encienden las luces, unos niños encuentran el cadáver de una mujer cuya cara está cubierta por una careta de lobo de cuento infantil; por la vestimenta aparenta ser una prostituta. Junto a ella, sobre la hierba mojada, aparece un papel con unas letras en cirílico y unas notas musicales. El subinspector, Diego Cárdenas, comienza a investigar el caso que intuye oculta algunas claves, más allá de las apariencias. La aparición de unos diarios, fechados en 1937 en el Albacete de la Guerra Civil, abren otras líneas de investigación en las que colaborará Lucía, su hermana, una traductora cuya vida está marcada por la misteriosa desaparición de su marido, tres años atrás, en la frontera de Venezuela y Colombia. Diego y Lucía son dos personas heridas que buscan respuestas para resolver el caso y para poner orden en sus propias vidas. La trama policíaca está urdida a través de subtramas en las que la literatura, la música, el arte, la filosofía o la historia son elementos fundamentales.



P.- ¿Y que opinan los lectores de la novela? 

R.- Los lectores coinciden en señalar que la trama te arrastra, que no quieres parar de leer, pero que al mismo tiempo es una novela en la que apetece estar, deleitarse, degustar. De hecho, numerosos lectores la han leído varias veces y en cada una de ellas han descubierto matices u aspectos nuevos que les han sorprendido. Lo maravilloso es que, según el momento vital, han encontrado un personaje, una subtrama o pasajes que les han interpelado o emocionado. He tenido la oportunidad de escuchar a lectores de todas las edades que aportan una visión diferente y poliédrica.


P.- Nos traes una novela negra pero clásica, ¿por qué has querido escribir sobre este género?

R.- Es un género que me hace disfrutar mucho porque el propio lector se convierte también en sujeto activo de la investigación. Para el escritor supone un reto en cuanto a la creación de una trama inteligente, que resulte verosímil, que no sea un fraude para el lector y, por supuesto que atrape. Al mismo tiempo permite la recreación de atmósferas, de ambientes y construir personajes muy diversos, con sus luces y sus sombras. Desde el punto de vista de la técnica narrativa ofrece grandes posibilidades. El escritor escribe para hacer feliz a los lectores, al menos en mi caso.


P.- Tu novela está ambientada en Logroño, lugar donde resides. ¿Cómo muestras la ciudad?

R.- El verano que surgió la idea de escribir esta novela, había leído varios libros de Donna Leon y de su inefable inspector Brunetti, que me encanta. Y pensé, si Venecia tiene su detective, Logroño también lo merece. Y así comencé a pergeñar a Diego y Lucía y la trama de Dostoievski en la hierba.
Logroño aparece como un personaje más, sus calles, sus rincones, sus lugares más emblemáticos, sus bares, su gastronomía. Es una ciudad muy sensorial, llena de lugares a descubrir, de olores, de sabores… En realidad, transitar por las páginas de la novela te lleva a transitar por la propia ciudad. Aunque la trama principal se desarrolla en Logroño, también aparecen otros lugares alejados entre sí y sin relación aparente: Zaragoza, mi ciudad natal que siempre tendrá un lugar en mis novelas, Minsk, California, Cenicero y sus espléndidos viñedos, Albacete. Algunas de ellas forman parte de mi propia vida o de mi imaginario personal. Yo crecí escuchando a mi abuela historias sobre ese Albacete de las Brigadas Internacionales, de los soviéticos…Ella vivió la Guerra Civil allí y es un pequeño homenaje, aunque no aparezca ella directamente.


P.- Háblanos del subinspector de policía Diego Cárdenas y de Lucía, su hermana. ¿Cómo se relacionan en la novela, más allá de los lazos sanguíneos?

R.- Diego y Lucía son dos seres heridos. Diego acaba de salir de un divorcio mal encajado. Está muy estancado personal y profesionalmente, instalado en cierta autocompasión que le está impidiendo avanzar. Lucía es una mujer hundida, está desorientada, diluida en su propia tristeza y perplejidad por lo que está viviendo. Este caso les hará unirse, si cabe más, y sobre todo les ayudará a aunar fuerzas, a olvidarse de sus pequeñas o grandes miserias y ver más allá. Entre ellos, destacaría la complicidad, el cariño que se intuye en sus palabras o en sus silencios. Son dos personajes que van creciendo a lo largo de la novela, que nos van revelando poco a poco su potencial. De hecho, Lucía, paulatinamente y de forma discreta, va ganando su lugar en la historia. Deseaba que los dos fueran importantes. Los concebí así porque quería que fueran personajes aparentemente cotidianos que van desarrollando su esencia a través de su forma de afrontar lo extraordinario. Son dos personajes cuyas vidas aparecen muy ligadas a diferentes microcosmos y personajes que los pueblan: sus padres, la comisaría, el gimnasio de boxeo, la agencia de traducción, la orquesta, los bodegueros... Me encanta cuando los lectores me preguntan por Diego y Lucía como si fueran personajes de carne y hueso que esperan encontrar al volver cualquier esquina.


P.- La cubierta, el título de la novela, ¿cuál es tu relación con Rusia?

R.- Es ciertamente una cubierta muy rusa. Aunque aparece el perfil de Logroño, destaca una gran D cirílica en color rojo. Quería un fondo blanco, aunque fuera novela negra, porque refleja la luz de Rusia. Siempre he sentido fascinación por esta cultura, desde niña. Al terminar la Universidad y mientras encontraba trabajo, estudié idiomas y uno de ellos fue ruso. Ello me dio la oportunidad de viajar varias veces a Bielorrusia, Rusia y Ucrania. Viví en familias y conocí desde dentro esa famosa alma rusa de la que tanto se habla. Nunca olvidaré la primera vez que pisé Bielorrusia. Estaban recuperándose de la sorpresa que había causado la caída de la URSS.  Llegué en tren por la frontera polaca y tuve la sensación de haber sido absorbida por un túnel del tiempo. Pasé del color al sepia. Nunca olvidaré el olor de la estación, la atmósfera, los rostros. Descubrí que son personas de apariencia seria, distante, pero que, si te ganas su confianza y su amistad, te abren de par en par sus casas y su corazón. Fue una experiencia impactante e inolvidable. Por eso, parte de los personajes son bielorrusos y por eso está presente Minsk, porque están también en mi corazón.


P.- Te gusta la novela rusa decimonónica. He de reconocer que yo la leo en pocas dosis por la pesadumbre constante que se respira. ¿Qué te gusta realmente de este tipo de literatura?  

R.- Me gusta su capacidad para describir atmósferas, para crear una historia inolvidable a partir de situaciones en apariencia triviales y cotidianas o para crear auténticas historia épicas plagadas de personajes llenos de aristas, de luz y oscuridad. Pero, sobre todo, me apasiona la forma que tienen autores como Tólstoi, Chéjov, Turgueniev o Dostoievski para captar el alma humana, los valores, las pasiones. Todo lo que conforma la esencia del ser humano de forma atemporal. Son capaces de hacer que lo particular y lo local se conviertan en universal.


P.- Actualmente eres profesora, ¿cómo se podría incentivar la lectura entre los más jóvenes?

R.- Primero, aceptando que la lectura va a convivir con otros medios de expresión muy potentes que ya forman parte del contexto cotidiano de nuestros adolescentes y jóvenes: los videojuegos, las redes sociales, YouTube o las series; están ahí y han venido para quedarse. Creo que no debemos oponernos a ello, sino mostrarles que no todo vale, que hay que tener juicio crítico y elegir, como en su momento también hicieron con nosotros, salvando distancias. Y en este punto, mostrarles que la lectura no es incompatible, que ocupa su propio espacio, que aporta otros aspectos que solo la literatura puede ofrecer. Es importante que tengan la oportunidad de elegir lecturas, que las puedan compatibilizar con otras que también tienen que conocer porque forman parte de nuestro acervo cultural. El paladar se desarrolla probando, también el gusto literario.
Las redes sociales son también un escaparate estupendo para mostrar todas las novedades y la inmensa variedad de posibilidades. Ya que su uso es imparable, enseñemos el buen uso y rentabilicemos para lograr objetivos. Y como siempre en la vida, no hay mejor discurso que el ejemplo y la pasión con la que te vean realizar lo que quieres transmitir.


P.- ¿Qué títulos de novela negra recomendarías a los escritores que quieren atreverse con este género?

R.- Más que recomendar voy a hablar de autores que a mí me han marcado por uno u otro motivo. Hay cierta controversia sobre qué es novela negra y cuándo podemos empezar a hablar propiamente de este género. Hay lectores y críticos muy puristas, otros más flexibles, así que yo voy simplemente a compartir autores que me gustan y que pueden ser clasificados dentro del amplio espectro de novela de misterio, policíaca o negra. Mis primeros pasos como lectora fueron de la mano de autoras como Agatha Christie a la que le debo muchos momentos de diversión, diría que de felicidad.  Me quedo con una de sus frases «El detective no debe saber nunca más que el lector». Luego comencé a leer otros muchos autores que me han fascinado como Poe, Wilkie Collins, su La Piedra Lunar o su La dama de blanco son maravillosas.  Ya más en la línea de lo que sería la novela negra contemporánea: Chandler, Vázquez Montalbán, Camilleri, Mankell, Donna Leon, Fred Vargas, Ian Rankin, Läckberg, Miloszewski, Pierre Lemaitre cuyas novelas: Alex, Irene, Camille te dejan sin aliento. Hay muchos más en la lista, por supuesto. Actualmente, por cierto, estamos asistiendo a una eclosión de autores de novela negra españoles magníficos. Quizá estemos en una especie de edad de oro.  



P.- Has publicado con Siníndice Editorial, ¿cómo ha sido la experiencia?

R.- Publicar una novela es en sí mismo una experiencia intensa y maravillosa. Las pequeñas editoriales hacen una labor importantísima a la hora de apoyar a escritores desconocidos que estamos comenzando nuestra andadura. Además de Siníndice, tuve la oferta de otra editorial. En este caso, opté por la editorial riojana a la que estoy muy agradecida por haber confiado en mí. Nunca olvidaré el momento en el que ves en la bandeja de entrada de tu correo el mensaje en el que te comunican que han aceptado tu novela.


P.- Haciendo balance de las lecturas del 2019, ¿cuál ha sido la novela que más te ha gustado?

R.- Me resulta complicado elegir solo una, la verdad. Pero, por seguir en la línea de autores de novela negra que me gustan voy a citar: Juego de espejos de Andrea Camilleri y Todo lo mejor de César Pérez Gellida, un magnífico autor que crea tramas muy inteligentes, personajes potentes y carismáticos y, además, en este caso, como buen historiador, recrea magistralmente el Berlín de la Guerra Fría.


P.- ¿Podrías recomendarnos una novela española de género negro que es o que fue un clásico?

R.- Más que una novela, un detective: el Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán, como ejemplo de una obra ya clásica. Camino de serlo están también Chamorro y Bevilacqua de Lorenzo Silva, o la Petra Delicado de Alicia Giménez Bartlett, la pionera en crear una mujer detective. Y, por supuesto, Amaia Salazar el extraordinario personaje creado por Dolores Redondo.


Muchísimas gracias, María. He disfrutado mucho con tu entrevista y espero que los lectores la disfruten también.





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