Arcadio Rodríguez: «Hitler escribió que él no quería la guerra, que le obligaron a comenzarla»



Arcadio Rodríguez Tocino nació en Oviedo, pero pasó casi toda su infancia y adolescencia viviendo en dos pueblos leoneses de tradición minera: Villasimpliz y La Robla. Después de haber publicado nueve novelas y ser ya un veterano en el blog, vuelve con su nueva obra, Enfrentados, donde aborda el tema de la minería o la Divisón Azul.
 




P.- ¿De qué trata tu nueva novela Enfrentados, Arcadio?

R.- Hola, lectores de La boca del libro y María, que eres un sol y siempre me haces un hueco, así que mil gracias, que si no fuera por gente como tú no me conocerían ni en mi casa. Pues con Enfrentados quise mezclar un par de asuntos familiares que tenía pendientes, que es la primera y última vez que lo hago, ya que se me da mejor crear tramas que no tienen nada que ver conmigo. Por un lado está el tema de la División Azul, que pienso que no es demasiado conocido y solo se asocia a soldados afines al régimen de Franco, si bien la realidad fue diferente. Por otro lado está la minería de interior, una profesión llena de mitos y, en general, bastante desconocida.

P.- ¿Cómo has abordado la minería en la novela? 

R.- Con la minería me he alejado de lo que asocia la mayoría de las personas que no saben nada de esto y se creen lo que ven en los telediarios, que muchas veces se resume a las prejubilaciones. Me centro en una época en la que los mineros se jubilaban a los sesenta y cinco años, como el resto del mundo y lo que toco es el trabajo de minero de interior, en qué consiste realmente y en explicar ciertas cosas que seguro no son demasiado conocidas, aunque solo sea en un par de capítulos.

P.- ¿Cómo es el personaje Emilio Castañeda?, ¿por qué el lector puede empatizar con él?

R.- Emilio es un joven de pueblo y empujado a hacer lo que hace por avatares del destino que no puede controlar. Me gustan ese tipo de personajes, no termino de creerme que en una guerra existan héroes, solo personas empujadas por los acontecimientos que les ha tocado vivir. Y a Emilio se le juntan varias cosas, una de ellas es ese caciquismo de la España de rencores y venganzas que se dio cuando el golpe de estado cuajó y se derrocó a la República, gobierno legítimo elegido en urnas, que hoy en día algunos parecen olvidar ese dato histórico.


P.- ¿Qué te convenció para escribir la historia en tercera persona? 

R.- Ah, no, no, no, lo mío no es escribir como si yo fuese el protagonista, que parece que hablo de mí, cuando mi vida no tiene nada de especial, y la literatura, al menos como yo la entiendo, es un entretenimiento. Tengo una novela cuya protagonista es una lesbiana, así que imagínate lo que me preocupa identificarme con los personajes. Cuando escribo no quiero ajustar cuentas con nadie y no me van los sermones, solo pretendo contar una historia que me gustaría leer. Por eso escribo en tercera persona, para alejarme del personaje. Además, volví a la Biblia, que suelo meter algunas citas y cosas en los libros y esta vez encontré algo con la historia de Caín y Abel, en el libro de Génesis, y es una de las pequeñas sorpresas que nos depara la historia de Enfrentados.

P.- Háblanos de la División Azul y qué fue de esos voluntarios que partieron para Alemania. 

R.- Con la División Española de Voluntarios, que hicieron parte de la instrucción en Alemania y lucharon en Rusia, creo que hay mucho mito. Se asocia a falangistas de camisa azul, de ahí lo de su nombre común, pero en realidad muchos de sus integrantes utilizaron la División para lavar pecados propios, ya que defender la República fue un pecado después de la derrota, o alejar la sospecha republicana de sus familiares. Además, irte a luchar a Rusia era una forma de comer tres veces al día y tener unos ingresos, ya que en la División se cobraba un sueldo. Incluso, hubo casos en que en determinadas provincias no se cumplía el cupo que se asignó, por lo que de voluntarios la División tuvo bien poco, pues sus integrantes fueron obligados.



P.- ¿Nos puedes contar alguna curiosidad de la División Azul? 

R.- Con la División Azul hay muchas cosas curiosas. El Ejército español no ofreció datos globales sobre el número de voluntarios que sirvieron en la División Azul hasta 1973. Tardaron treinta años en hacerlo público. ¿Dónde estuvieron almacenadas las fichas que se rellenaban durante todo ese tiempo? Ahora cualquiera de nosotros puede consultar ese listado, siguiendo las normas, en el Archivo General Militar de Ávila, pero la situación es que se sabe que faltan datos y se perdieron fichas. Yo he conocido casos peculiares, de esos que no figuran en las estadísticas y recordemos que era una época de papel y tinta, sin ordenadores.

P.- ¿Cómo crees que se ve la División Azul en la actualidad? 

R.- No hay que sentir vergüenza por haber tenido un familiar en la División que marchó a Rusia en plena Segunda Guerra Mundial. De aquella venían los rojos a quemar iglesias y violar a las mujeres, los rumores y mentiras eran habituales, se engañaba a la gente y no había tanta información como hay ahora. Algunos combatientes fueron engañados, otros lo aprovecharon para desertar y pasarse al bando enemigo. En la novela he procurado especificar este tipo de casos que he considerado interesantes.


P.- Parte de la historia la ambientas en Ciñera de Gordón, en León, ¿qué te atrae de esa población?

R.- Viví en dos localidades cercanas: Villasimpliz y La Robla, donde siguen viviendo mis padres y voy a menudo, pues la mujer también es de la zona e hija de familia minera. En Ciñera lo único que tuve fue alguna novia, no es un pueblo con el que tenga apenas vínculo, pero es el pueblo donde está un castillete especial: el Ibarra.



P.- Y seguro que quieres contarnos lo que es un castillete. 

R.- Pues así, rápido, el armazón metálico donde se instala la jaula para bajar y subir a los mineros y sacar el material que se extrae de las galerías. En la zona de la que vengo llegó a haber seis castilletes, hoy solo quedan dos (ambos cerrados) y el más emblemático es el bautizado como Ibarra, donde trabajaron dos tíos y mi propio padre como picador, pues vengo de familia minera, si bien a mí eso de tener la cara sucia nunca me llamó la atención y jamás pensé en ser minero. Si lo hubiese hecho hoy podría estar prejubilado, en el paro o muerto, nunca se sabe, en el último accidente grande, el 28 de octubre de 2013, fallecieron seis mineros por un escape de grisú y con uno estudié en Formación Profesional.



P.- ¿Tiene relación todo esto con la publicación de Enfrentados

R.- Quise sacar este libro el mismo año en que todo se ha venido abajo. El pozo Ibarra ya cerró hace más de veinte años, pero otras minas siguieron abiertas porque la empresa que las gestionaba, Hullera Vasco-Leonesa, seguía en activo. Esa empresa, que en su día llegó a tener en plantilla a 2100 empleados, entró en concurso de acreedores, cesó su actividad y con eso dejó a toda una comarca en una situación muy aguda de despoblación. Los pueblos están muertos y yo quise aprovechar el poco talento que tengo para juntar letras y dejar algo escrito, porque cada vez que voy al pueblo recuerdo épocas pasadas y tengo cierta nostalgia de los años que pasé por allí, por eso incluí capítulos en Ciñera y Santa Lucía, otro pueblo de tradición minera donde estudié el EGB.

Eso sí, hice una presentación en Ciñera en diciembre y no fue nadie, aunque luego me fui a tomar algo a un bar y sí, en ese había gente. Lo que me digo siempre: que haces las cosas por ti y no esperes nada de nadie. Es así como funciona el mundo de los escritores pequeños como yo.


P.- La novela la has editado con el Grupo Editorial Letrame. Cuéntanos tu experiencia.

R.- De momento bien. Letrame es autoedición, pagas por editar. ¿Eres tan mal escritor que tienes que pagar por ver publicado tu libro? Bueno, como broma está bien y me gusta reírme de mí mismo. Hace un mes he firmado con una editorial al uso, de esas a las que presentas tu novela, la leen, les gusta, la ven económicamente viable y la publican. Y si tengo que decir qué clase de cláusulas he aceptado... pues me da un poco de vergüenza, porque te sometes a ciertas cosas por llegar, teóricamente, a más gente, que las tendría que rechazar por conciencia.

P.- ¿Te quedas entonces con la autoedición? 

R.- La realidad del negocio editorial es más compleja que sumar dos más dos. Aquí tampoco me voy a poner a explicarlas, que cada uno siga pensando lo que quiera. Yo estoy contento con la autoedición porque también soy una persona que le gusta mucho ir a su aire y sí, he publicado con otro tipo de editoriales de las de toda la vida, ¿y qué? Pues que no he notado mucha diferencia, por no hablar de que no controlas las ventas, cedes derechos por varios años y te pagan lo que les da la gana... cuando te pagan. A veces es mejor sacrificar difusión por tranquilidad, esa tranquilidad que se consigue siendo autogestionado.


P.- Enfrentados es tu décima novela, ¿qué ha cambiado en ti como escritor desde tus primeras publicaciones hasta este último libro?

R.- A fuerza soy más metódico, digamos que más ordenado a la hora de programar la labor. Ya tengo una línea muy definida de trabajo que consiste en tomar muchas notas, pensar mucho cómo desarrollar la historia para hacerla amena y escribir muy poco, porque lo que es escribir no escribo mucho, o eso pienso.

P.- ¿Eres de costumbres fijas a la hora de escribir? 

R.- Cuando me pongo a ello cierro la puerta de la habitación, eso es sagrado (aunque una vez escribí varios capítulos de una novela en un hospital, haciendo compañía a un familiar), me armo con dos latas de cerveza doble malta (las tipo lager me saben a poco) y me pongo un disco de rock, preferentemente de los setenta, que me gusta el sonido analógico que conseguían gente como Thin Lizzy, Blue Öyster Cult o Judas Priest... y a escribir. No hay más. Lo de las musas no me lo creo, las cosas salen cuando trabajas sobre ellas, no cuando te quedas sin hacer nada.


P.- ¿Qué cambiarías del sector editorial español?

R.- Uf, uf, uf, ¿el problema es el sector editorial o los pocos lectores que hay en España? Mira, María, que yo me llamo Arcadio y soy un matao. Hablas con un escritor que llega a casa, da un beso a su mujer, ayuda a su hijo con los deberes y, en sus ratos libres, se encierra en una habitación pequeña a escribir y escuchar un poco de Deep Purple. No tengo ni idea de cómo solucionar los males del sector editorial español, entre los que se encuentran las pocas ventas, así como los concursos amañados, los amiguismos para sacar tal o cual libro en perjuicio de otro, sin depender de la calidad del texto..., y para mí todo está bien, siempre digo lo mismo: no vivo de la literatura, para bien o para mal y el camino que he elegido discurre muy alejado de las letras. Así que mejor sigo en él y mientras me lo pase bien continuaré escribiendo hasta que caiga el meteorito que lo reviente todo o se acabe la cerveza.


P.- Muchos de tus libros tienen un importante componente histórico. ¿Qué significa la Historia para ti?

R.- Me gusta la Historia porque también comparte mucho de actualidad... no lo voy a hacer, pero podría empezar con cientos de paralelismos entre la Alemania nazi y lo que está pasando en Cataluña, cómo se manipula la opinión, cómo se focalizan todos los males en un único culpable y cómo se camina hacia la autodestrucción sin importar el bien común, solo los intereses personales. Y cuando eso pase, cuando todo se venga abajo, seguiremos culpando a los demás, que el infierno son los otros. 

P.- ¿Cuál es el periodo que más te gusta? 

R.- Mi periodo favorito es la Segunda Guerra Mundial, aunque también me gusta mucho la guerra de Vietnam o el 11 de septiembre de 1973, un auténtico ejercicio de terrorismo por parte de EEUU. Para mí la Segunda Guerra Mundial tiene algo de especial, esa lucha constante hasta el final, sin reconocer errores, sin sentir aprecio por la vida de los demás, porque Joseph Goebbels culpó al pueblo alemán de la derrota, Hitler dejó escrito en su testamento que él no quería la guerra, que le obligaron a comenzarla y Churchill y los americanos cometieron crímenes tan horrendos como los alemanes contra los que luchaban, pues bombardearon poblaciones civiles para probar armamento moderno.


P.- Cuéntanos, ahora que no nos lee nadie, ¿qué libro has leído fuera de esta temática que alguien podría pensar que «no te pega nada leer eso»? Puede ser un best seller, una novela rosa…

R.- Pues no me pega la novela Ecos de Bardulia: El brazalete dorado de Juan Moya, al que conocí en una feria del libro de Burgos. Es una novela que trata de los primeros pobladores de lo que hoy es Burgos, y a mí ese tipo de periodo histórico como que no. No me atrae nada, de nada y que me ponga a leer algo de eso ya tiene mérito. Alguna vez me he puesto con el Antiguo Egipto, pero nada de novelas, solo libros que tratan el Valle de los Reyes, las pirámides o las momificaciones..., no me saques de dos siglos para atrás que no encuentro motivación para leer cosas de esas.


P.- Recomiéndanos un libro ambientado en la España de esos años difíciles de la posguerra.

R.- Pues La mina de Armando López Salinas, publicada en 1960. Tiene una prosa pulida y exquisita, tal vez demasiado, al menos para mi gusto, que prefiero que una novela me haga sentir cosas por encima de que esté bien escrita, y eso se consigue con una buena historia. Que La mina claro que es una buena historia, pero a veces la virtud del escritor es su defecto, y nos abruma con párrafos tan perfectos que aburren. Aun así, es un libro que me parece recomendable, si bien es de una minería del sur, nada que ver con la zona de la que yo vengo, que es la montaña central de León.


Un saludo a todos los lectores, y no hay más, podéis buscar información del conjunto histórico del pozo Ibarra, que fue declarado Bien de Interés Cultural, en la red, aunque prácticamente hoy solo quedan ruinas. Para mí los años que viví en la zona fueron especiales, guardo buenos recuerdos, y estoy contento con haber dejado algo escrito sobre el tema..., y no será lo último, volveré a nombrar al pozo Ibarra en una novela que espero publicar dentro de un año, después de editar un par que tengo pendientes con otras dos editoriales para este 2019.



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ENLACES DE INTERÉS

 
-Entrevista a Arcadio por su novela El cineasta (19/7/2017).
-Entrevista a Arcadio por su novela Alderny, la isla del silencio (25/5/2018).

-Comprar en Amazon.
-Comprar en Letrame Editorial.


-Twitter: @arcadiotocino




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3 Comentarios

  1. Muy buena entrevista, y tiene razón no sabes bien que es mejor si autopublicarte o publicar con una editorial tradicional, todo tiene sus incovenientes, en el primero controlas tú todo y en lo segundo, no sabes bien lo que ganas.
    En fin que esta novela tiene muy buena pinta, mi enhorabuena al autor.
    Un saludo

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    1. Gracias por tu mensaje, Carmen. La verdad es que hay un prejuicio grande ante las novelas autopublicadas, por muchos motivos; pero cada autor es un mundo y necesita una serie de condicionantes para sentirse cómodo con su libro.

      Un saludo grande, Carmen.

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  2. Gracias por la mención,Arcadio. Suerte con la novela.

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