
Nacida en Terrassa en 1970, pasó su infancia y pubertad en el barrio de Can Jofresa. Desde pequeña, sintió afición por la escritura. Ha trabajado siempre como dependienta y, desde hace diecisiete años, lo hace en la Llibreria Atenea de su ciudad. El contacto diario con los libros hizo que recuperara el gusanillo de escribir. Fue finalista del Concurs de Relats Breus del Diari de Terrassa, con un relato publicado en una edición especial de Sant Jordi. Aficionada a los microrrelatos, a menudo los comparte en sus redes sociales:
Este es su primer libro autopublicado, aunque no el primero que escribe.
Entrevista por Ainhoa Escarti.
No fue una decisión deliberada, porque Cinco secretos y cien sonrisas en principio iba a ser otra historia, pero cada vez que me ponía a escribir me venían otras ideas totalmente diferentes a lo que era el plan inicial; entonces decidí rendirme a lo que mi mente dictaba a mi mano y posponer esa otra historia. La verdad, yo no sé si aporto algo nuevo porque hoy en día está todo inventado, pero me gusta pensar que me he salido un poco de lo estándar al ser una novela de humor y tener como protagonistas a mujeres de cincuenta años.
P.- Hay en el libro una atención casi obsesiva a la ropa, los complementos, los cuerpos de las protagonistas. ¿Es una decisión narrativa sobre cómo las mujeres construyen identidad a través de los objetos, o simplemente el mundo en el que viven estos personajes?
Bueno, más que nada quería que se viera que son diferentes tanto en personalidad, como en físico, como en estilo, sin acarrear eso ningún inconveniente. Es el mundo en el que viven estos personajes. Por otra parte, me recomendaron que hiciera más descripciones y ¿quizás se me fue un poco la mano? Puede ser.
P.- El tono del libro se mantiene deliberadamente luminoso pese a que las protagonistas cargan con historias que no lo son. ¿Dónde está el límite entre aligerar el peso de lo doloroso y quitarle la carne?
Yo quería que fuese una novela positiva y con humor, para distraer a quien la lee y, a poder ser, sacarle alguna sonrisa. También tiene algún momento intenso y emotivo, ya que las protagonistas tienen una vida, un pasado, y no todo puede ser siempre happy. En general, pienso que el dolor cada persona se lo gestiona a su manera y, en este caso, todas han pasado por alguna situación difícil; no quise ahondar más en ello porque entonces no sería un libro de humor.
P.- Las protagonistas tienen cincuenta años y la novela las retrata desde una mirada celebratoria, sin el luto ni la invisibilidad que la cultura suele imponerle a las mujeres a esa edad. ¿Es Cinco secretos y cien sonrisas una respuesta consciente al edadismo, o la celebración llegó sola al escribir sobre mujeres que simplemente se niegan a encajar en ese relato?
Cinco secretos y cien sonrisas es un alegato a las mujeres que tenemos cincuenta años o más; yo estoy a punto de cumplir cincuenta y seis y siento mucha invisibilidad en muchos aspectos. ¿Cuántas protagonistas hay de esa edad en los libros o en las películas? ¿Y cuántas hay de una franja de edad de veinte a treinta años? Parece que al pasar de cierta edad ya no importamos, no se nos toma en cuenta y resulta que con esa edad seguimos trabajando, saliendo, disfrutando, sufriendo, amando. Hacemos de todo. Tenía muy clara la edad de la protagonista al empezar mi manuscrito, eso sí ha quedado intacto respecto a la idea principal.
P.- Uno de los personajes tiene una dimensión espiritual y sobrenatural que contrasta con el registro del resto de la novela. ¿Qué te interesaba explorar con ese elemento, y tuviste dudas sobre hasta dónde llevarlo?
Tengo una amiga tarotista, no siempre lo ha sido, pero ese tema le fascina y se ha formado en varias especialidades. Me ha tirado las cartas varias veces y se le da muy bien. Tengo otra amiga de otro grupo, que no tiene nada que ver con esta primera, que es superespiritual y esotérica. Entonces, como también creo que son minoría, tenían que tener un lugar en mi novela. Además, está el personaje de Phoebe Buffay —que me fascina—, en la serie de Friends, interpretado por Lisa Kudrow. Me inspiré para crear a Lina en una mezcla de las tres, pero cada vez que me la imaginaba hablando, gesticulando o escuchando su tono de voz, todo ello era de Phoebe. Bueno, el tono más bien de la dobladora al castellano, Alba Sola. No tenía muy claro si llevarlo más lejos, pero creo que está en su justa medida. ¡Ah! Aprovecho para contar que a cada protagonista le adjudiqué una actriz en categoría nacional e internacional, eso lo podéis ver en mi Instagram, y, en este caso, sería María Estévez. En el primer manuscrito Lina hacía algo muy bestia, tanto que lo quité, pero que para una comedia en pantalla sería ¡boom! Mi libro puede ser una comedia muy divertida e interesante. ¡Netflix, dame una oportunidad! Ja, ja, ja.
P.- Los hombres en esta novela existen casi en los márgenes. ¿Es una elección ideológica o simplemente la consecuencia lógica de que la historia no los necesita?
Ideológica. Yo quería que la base de la historia fuese la amistad entre mujeres, sin tener la necesidad de basar la atención en ellos. Sin menosprecio alguno, que conste, son como un complemento de la historia que aparecen para crear situaciones divertidas junto a ellas, siendo ellas las protagonistas.
P. La novela toca temas que tienen un peso social y político considerable, pero los trata desde lo íntimo y lo personal. ¿Fue una decisión consciente mantenerse en ese registro, o hubo momentos en que sentiste la tentación de ir más lejos?
Sí, fui consciente de ello. Trabajo de cara al público desde los dieciséis años y ha cambiado tanto la situación que quise mencionarlo. No quise ir más lejos, solo compartir la realidad de lo que vivo.
P.- Hay una tensión interesante entre lo que estas mujeres dicen ser y lo que el texto muestra de ellas. ¿Cuánto de la novela es sobre la distancia entre la imagen que proyectamos y lo que realmente somos?
Creo que a veces proyectamos una imagen y ocultamos problemas para aparentar más fortaleza de la que tenemos en realidad; Marta, por ejemplo. Y al revés también sucede, podemos aparentar fragilidad y ser más fuertes de lo que creemos; ahí tienes a Lina.
P.- ¿Nos podrías recomendar una novela que hable de la amistad entre mujeres como en tu novela?
Aunque no la he leído aún, estoy deseando hacerlo. Y es Ni tan perfecta, ni tan perdida de Eleo Gaydou. Una escritora argentina que sigo en redes y que también defiende que la edad de las protagonistas sea a partir de los cuarenta años. Y déjame recomendarte Las bragas al sol de Regina Sirvent, un libro donde también hay humor y se forja una bonita amistad con una desconocida, aparte de otros temas.
P.- ¿Y otra novela sobre comienzos, ya que septiembre ya es el final del verano?
Me gustó mucho Lo que prefiere la nieve durante el verano de Pablo Sierra. Un libro duro, sobre situaciones que a nadie le gustaría vivir y cómo el protagonista cuenta toda la historia.
Entrevista por Ainhoa Escarti.
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ISABEL TORRES
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