P.- ¿De qué trata Psicodelia, mon amour?
P.- ¿Cómo fue el proceso de documentación?, ¿viste películas sobre este momento de la historia, leíste ensayos…?
Sí, claro que leí bastante sobre aquellos ensayos con humanos, los orígenes de la CIA, la influencia que tienen en los gobiernos ciertos clubes de poderosos, como el Bohemian Grove, y cosas así. Y, por supuesto, me empapé de películas de los 50 y alguna que otra sitcom de la época, no tanto porque tuvieran que ver con esta temática, pues la mayoría eran románticas o musicales, sino para recrear mejor la ambientación y darle una atmósfera cinematográfica a todo el relato. Y claro, con todo ese batiburrillo, lo lógico es que sucediera lo que al final terminó ocurriendo, que es una mezcla de géneros realmente curiosa que impregna toda la novela.
P.- ¿Nos podrías contar alguna curiosidad que descubriste en el periodo de documentación sobre la Guerra Fría?
Hay muchas, como el hombre del paraguas en el asesinato de JFK, o la mujer del vestido de lunares en el caso de su hermano. Tenemos también el viaje de Frank Olson o la supuesta sobredosis de Marylin Monroe. Y a partir de ahí, que cada uno investigue y saque sus propias conclusiones. A ver, no te voy a decir que haya comprado el pack entero de conspiraciones, pero me permito cuestionar lo que nos cuentan, sobre todo cuando no lo entiendo o cuando se intenta imponer de forma descarada. Yo no sé si el hombre llegó a la Luna, pero estoy en mi derecho de dudar de si las cosas ocurrieron tal y como nos las están diciendo.
P.- ¿Esto tiene que ver con cómo nos llegan las noticias?
Sí, y estoy totalmente en contra de cómo se cuentan las
noticias hoy en día. No es que relaten algo que ha ocurrido. Es que, partiendo
de eso que ha ocurrido, te diseñan la noticia para conformar una
opinión. Antes leíamos los periódicos para informarnos. Ahora para que
nos den la razón. Pero esa razón no es la que tú tienes libremente escuchando a
unos y a otros, porque tú solo escuchas a unos o solo escuchas a los otros.
Pero no a los dos. Quiero decir, que cada uno ya sabe qué informativo buscar en
la tele a la hora de la cena, o qué programa de radio escuchar por las mañanas
camino del trabajo. Y en la novela menciono si acaso no hay alguien detrás que
se haya encargado de que ocurra precisamente esto.
P.- Y esto se relaciona con la novela.
Eso es. Volviendo al tema de las conspiraciones, yo no sé si hay balas mágicas que retroceden hacia atrás y se mueven de arriba abajo y de izquierda a derecha haciendo zigzag antes de dar en el objetivo, pero lo que sí sé es que los medios de comunicación manipulan a la opinión pública a su antojo. Si en los 50 y 60 era con el miedo rojo y la amenaza constante de que los rusos lanzaran una bomba atómica, ahora el desasosiego nos lo intentan crear casi que con cualquier cosa.
P.- ¿Cuánto de biográfico hay en el libro?
Pues gran parte, lo que sucede es que lo que cuento no se parece mucho a lo que ocurrió en realidad. Digamos que le meto mucha salsa. Por ejemplo, volviendo al colegio, teníamos un profesor que había escrito un libro de soluciones de problemas de Física. Y claro, casualmente, nos obligaba a comprarlo al inicio del curso. Pero casi ninguno lo hacía. Todos lo llevábamos fotocopiado. Y cuando él veía su libro no era el original, montaba un drama tremendo. Dejaba la tiza colgada de una cuerdecita de la pizarra, abría una ventana, se asomaba afuera y nos decía que no le molestáramos durante el tiempo que necesitara hasta que se le pasara el cabreo. Todo muy teatral y forzado. Y luego obligaba al alumno a darle las cien pesetas que, según él, había perdido de beneficio por no haber comprado el libro original en concepto de regalías. Además, el pobre andaba siempre deprimido. Un día nos contó que cuando su mujer le regañaba, cogía el coche y se daba una vuelta por las zonas menos favorecidas de la ciudad para poder así valorar que había gente mucho peor que él. Y entonces, le entraban unas ganas tremendas de comprarle algo a su mujer, y volvía a casa la mar de contento. Y que, aunque su mujer seguía regañándole a menudo, a él esas rondas nocturnas por la ciudad le habían convertido en mejor persona. Claro, de toda esa historia cojo lo que me interesa, lo mezclo con algo que haya oído en la peluquería o en la cola del supermercado, lo visto un poco y es lo que aparece luego en los libros.
P.- He visto varias cubiertas de la novela. Todas siguen el mismo patrón de la
estética de mediados del siglo XX, la tipografía grande y gruesa, colores
fuertes… Pero ¿por qué te decantaste por esta?
En realidad, la portada siempre fue la que veis publicada. Sabiendo que la
novela está inspirada en los 50, requería de un estilo vintage donde
se visualizaran algunos de los elementos característicos de la trama. En la
contra aparece el búho, que representa al Bohemian Grove, que es esa
organización secreta de gente poderosa con siniestras intenciones. Y en la
portada salen, por una parte, dos agentes secretos encargados de patearse los
bajos fondos de las ciudades en busca de mendigos y demás para llevárselos a un
hospital psiquiátrico, y por otra, dos pacientes que se nos enamoran en medio
de sesiones de electroshocks y drogas psicodélicas. Y dejo para el interior el
personaje que hasta la fecha ha llamado más la atención: el hombre de
amarillo.
»Esas otras imágenes de las que me hablas y que aparecen en redes son, en
realidad, momentos concretos de algún capítulo o de algún personaje con
el que pretendo ir dando pistas a la gente de lo que se va a encontrar. De
alguna manera, estoy tratando de poner miguitas en el suelo para que el lector
no se pierda con tanto nombre que aparece.
Alguna vez en el pasado lo he hecho, pero tratar de que te publique una editorial grande es como presentarte a un examen donde el profesor te dice de antemano que no hace falta que estudies, que te va a suspender, y hasta te deja que saques los apuntes. Las reglas del juego han cambiado y ahora es un negocio. Y no me quejo, eh. Aquí nadie hace nada por amor. Siempre es por dinero. Y eso aplica a cualquiera, incluido el director de una editorial. Si yo fuera uno de ellos, en mi diagrama de flujo de decisión de si publico o no un manuscrito, la primera pregunta que me haría es si el libro se va a vender bien. Si es que sí, olvidaría el resto de preguntas típicas del control de calidad de una obra, como si está bien escrita, si puede enganchar a determinado público, si el autor tiene potencial, etcétera. Y si la respuesta es que no, entonces también olvidaría el resto de preguntas. Y eso mismo es lo que están haciendo. Entonces para qué perder tiempo.
P.- También hay que tener en cuenta que mucha gente
escribe libros.
Exacto. Hay más escritores que bandas de música indie. Es
materialmente imposible atender a todas las propuestas, y yo por eso
no me entretengo en intentarlo. Claro que me gustaría publicar con cualquiera
de esos sellos, pero he asumido que mi camino es otro, y por
ahí he encontrado una libertad y una tranquilidad que por el otro lado no
tendría. Dicho todo esto, si me dan a elegir entre tener esa libertad que
comentaba, o ganar la pasta que cobra alguno de esos autores, es decir, si me
dan una rama de sauce para partir, como en la película de Obsession y
me piden que diga un deseo, te doy la vuelta rápidamente al discurso y me voy a
lo segundo con una sonrisa en la cara.
P.- Es tu tercera novela, sabes cómo es este ambiente literario. ¿Qué crees
que debería cambiar en el sector editorial del libro?
Creo que, de alguna manera, ya te he contestado antes. Las editoriales
están perdiendo dinero, y es lógico que quieran cortar el grifo. La
mayoría ya no tienen la figura de lectores que hagan de filtro para ver si una
obra pasa o no pasa; lo delegan todo en la figura del agente literario,
que es quien se juega su reputación. Es decir, es el agente literario el que te
hace, por así llamarlo, la “entrevista de trabajo”. El que apuesta por ti o no
lo hace. El que le mandes tu manuscrito para leerlo o no, es lo mismo. Total,
no lo va a leer. Esa gente es experta en oler quién puede vender y quién no.
Tienen las herramientas necesarias para identificar un buen candidato del que
no lo es. Y cuando lo tienen, lo proponen a la editorial que ellos creen que
encaja mejor con su perfil. Y una vez firmado el contrato, viene ya la parte de
quién se encarga de la corrección de ese manuscrito que no ha leído nadie hasta
ese momento, salvo el autor. Entonces es cuando se contrata a un tercero, al
que se le paga por número de páginas. Después, ya publicada la obra, se deja el
trabajo de promoción al autor, pues, total, nadie en todo este proceso tiene ni
la remota idea de lo que va el libro, así que no pueden vender un producto que
no conocen.
P.- Entonces, ¿qué propones?
A ver, es que la idea romántica de que un tipo de cincuenta años con gafas de
culo de vaso llamado Fermín que tiene problemas para relacionarse con la gente
y que vive todavía con su madre, lee tu manuscrito encerrado en un despacho muy
desordenado de la editorial pensando constantemente en su vecina, y regresa en
autobús a la hora de la cena sin dejar de darle vueltas al texto, hasta el
punto de que no le habla a la madre mientras ayuda a colocar los platos en la
mesa, y luego hace unas correcciones antes de llamar nerviosamente al director
de la editorial para decir con voz temblorosa que tiene algo bueno entre las
manos, mientras memoriza una frase que le ha gustado de ese manuscrito para
luego escribírsela en un papel a la vecina y pasárselo a escondidas por debajo
de la puerta invitándola, ya de paso, al cine, ya no existe. Entonces, aunque
solo sea porque vayan a ver una película, yo propondría que volvieran las
editoriales a meter en nómina a Fermín.
P.- Toca mirar atrás, ¿cambiarías algo de la trama de las otras dos
anteriores, ahora que ha pasado el tiempo?
De la trama, no. En todo caso, de la composición, y sería, paradójicamente, de
este libro. Te cuento… Con mis dos primeras novelas no avanzaba de capítulo
hasta estar convencido del resultado final. En esta ocasión quise hacerlo
diferente, y era escribir de seguido sin detenerme a repasar cada párrafo de
forma enfermiza, y dejar la revisión para el final. Desafortunadamente, he
llegado al mismo punto, y es que el manuscrito inicial no tiene absolutamente
nada que ver con el que se ha acabado publicando. Es decir, que ni con los dos
primeros libros que solo continuaba cuando estaba totalmente seguro de no tocar
ni una coma, ni con este último que iba añadiendo capas con cada revisión, las
primeras versiones se parecen a la novela que está en las librerías. La
diferencia está en el tiempo empleado, que ahora ha sido el doble que antes. Y
conforme uno se hace mayor, le apetece más estar tirado en el sofá viendo
alguna tontada en la tele, que sentado en una silla escribiendo concentradísimo
otra de esas tontadas de las que luego se terminan viendo en la tele tirado en
el sofá.
P.- ¿Qué novela has leído, estás leyendo y va a ser la próxima que vas a leer?
En realidad, las tres es la misma: Los años de peregrinación del chico sin
color, de Murakami. Y mucho me temo, que nuevamente la terminaré
abandonando. El caso es que me animé a darle una nueva oportunidad porque me la
recomendó un compañero de clase, al que hacía un siglo (literalmente) que no
veía. Y claro, tratándose del que era, sin lugar a dudas, el chicho más listo
de la clase, le hice caso. Lo que me ocurre es que, entre que el libro no me
gusta mucho, y que me hizo mucha ilusión verlo después de tanto tiempo, ahora
cada vez que abro una página me acuerdo de él y de aquellos años y me despisto
enseguida. Resulta que estaba (y está) muy delgado, y que era muy generoso y se
dejaba copiar, así que todos nos pegábamos unos madrugones tremendos para estar
los primeros en clase el día del examen y sentarnos en alguno de los cuatro
asientos que lo rodeaban. Y ahí te encontrabas a media clase pegándose por coger una buena posición a su lado. Así que leer ese libro era lo mínimo
que podía hacer por alguien al que la mitad de la clase le debemos que
pasáramos de curso. Encima, como nos intercambiamos los teléfonos, ahora está
cada poco preguntándome por cosas que, en teoría, debería haber leído ya, pero
a mí no me suenan de nada y me cuesta luego estar leyendo de nuevo todo bien
desde el principio.
P.- ¿Te gusta leer en su mayoría sobre un mismo género o te gusta
intercalar?
Más que género, suelo leer de los autores que me gustan, que son seis o siete,
y de ahí no me salgo. El problema es que, salvo uno y medio, los demás están ya
muertos, así que me sé sus novelas de memoria. El medio, por cierto, es porque
el hombre está muy mayor ya, pero ojalá le dé para escribir algún libro más. Y
uso esos escritores de referencia cada vez que inicio una obra para volver a
coger el toque. Básicamente, suelo pasarme el año posterior a la publicación de
mis novelas leyendo lo justo y centrándome en la promoción, así que cuando
vuelvo a ponerme frente al ordenador con una historia, me siento como un
futbolista que vuelve de una lesión y lleva un año sin jugar, que no es capaz
de dar dos patadas al balón sin que se caiga. Por eso, mis manuscritos
iniciales no se parecen mucho a la versión final, porque los primeros, cuando
los lees a posteriori, dan mucha vergüenza. De hecho, cada versión nueva la
acabo guardando como v1, v2… así hasta v50 o más, y las primeras no solo las
elimino, sino que inmediatamente le doy a vaciar la papelera de reciclaje no
vaya a ser que alguien las lea alguna vez y le dé por regalarme juegos de
motricidad.
P.- Recomendaciones literarias:
Novelas de intriga como la que has escrito. Girasoles negros, de
Javier Martínez Pallarés y El ruido de las sombras, de José Vicente
Rubio Eire, que es, más bien, histórica pero que también tiene sus tramas
ocultas.
Una que nos haga sentir el sabor del verano. A mí en esta época me gusta leer
novelas cortas, así que, llevando este razonamiento al extremo, te diría un
libro de relatos, como esos que se reunían en volúmenes y nos los querían hacer
vender como las historias que ponían nervioso hasta al propio Alfred Hitchcock,
y donde él mismo hacía el prólogo, que luego nada tenía que ver con los
cuentos, que, básicamente, se trataba de una selección de otros autores que
hacía la editorial y que ni el propio Hitchcock había leído. De hecho, hasta
dudo que el prólogo lo firmara él. Y escribirlo, ya por supuesto que no. Pero,
de alguna manera, leer esas historias y ese prólogo tan falso a mí me
entretenían, y lo siguen haciendo todavía a día de hoy.
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PEDRO ARANDA EN:
Entrevista por El ruido que nos separa, 30 de agosto de 2021.
Entrevista por Casi Chicago, 31 de agosto de 2023.
Si eres escritor, librero, editor o tienes algún negocio relacionado con la literatura y te gustaría que te hiciera una entrevista en La boca del libro, no tienes más que escribirme a mb.sancha@gmail.com y hablamos.


