P.- Ainhoa, ¿de qué trata El profesor de matemáticas que tocaba el piano?
Es mi primera novela tras años
dedicándome a la narrativa breve y hiperbreve. De pronto, tuve la necesidad de
probarme a mí misma si era capaz de mantener el pulso de una historia más
larga. Hay también mucho de mí, reflexiones sobre la vida, algún que otro
momento biográfico (que no pienso decir cuál es) y la necesidad de narrar cosas
que normalmente no contamos. Me parecía osado tener una protagonista embarazada
y que sus decisiones fueran fruto de lo que las hormonas hacen en ella. Me
parecía interesante contar que a veces el amor tiene memoria y permanece pese a
que la vida esté pasando. Podría mentir y decir que es una historia de amor, de
un reencuentro con el primer amor y la posibilidad. Pero también trata la
fidelidad en muchas más facetas que la de pareja, como la fidelidad a una
misma; intenta meditar sobre los corsés sociales y el precio de encajar en
ellos, y de varias cosas más que es mejor leer. Hablando con lectoras te das
cuenta de la cantidad de capas que hay, incluso de algunas que ni siquiera he
sido consciente de estar contando pero que de hecho están. La novela trata de
las cosas que no somos capaces de olvidar.
P.- Los protagonistas, Sofía y
Ricardo, se llevan veintiún años de diferencia. ¿Por qué has querido plasmar el
tema de la diferencia de edad?
Por la idealización de los recuerdos. Dos de mis claras inspiraciones fueron El amante de Marguerite Duras y Carta de una desconocida de Stefan Zweig; en ambos libros la obsesión es tan grande porque esos hombres tocan el alma de las protagonistas en la adolescencia y eso marca sus vidas. Lo que nos ocurre en esa edad deja huella, y un tipo de huella que es de las pocas capaces de hacer tomar a Sofía las decisiones que toma. Además, por narrar que algunos perfiles se conectan independientemente de la edad. Estamos demasiado acostumbrados a tropos de poder y tensión cuando hablamos de diferencia de edad, y yo que siempre quiero destrozar tópicos, hablo del poder del recuerdo. Porque las ideas mantenidas en la memoria son ideas peligrosas para la vida cotidiana.
P.- Mezclas matemáticas y música, y
dicen que las dos disciplinas se relacionan. ¿Esa relación la quisiste plasmar
también en la novela?
Digamos que son formas hermosas en las
que el cerebro de Ricardo traduce el mundo. Porque las matemáticas son el
idioma de la naturaleza y la base de la música que es capaz de tocarnos el
alma. Además de tener una clara inspiración pitagórica donde ambas disciplinas
son inseparables. Pero era importante que el mundo de las sensaciones quedará
presente, sin olvidar el de la razón. En cierta forma es como hablar de
filosofía, porque las ideas y lo medible existen a la vez. Tratan de
representar las dos caras de la moneda. En el pasado la razón hizo que las
cosas fueran de cierta manera pero ambos en el presente olvidan las matemáticas
para ser solamente música y la música se siente. En cierta forma, esa dualidad
enfrenta a los personajes entre el deber y el querer.
P.- ¿Nos podrías recomendar novelas
que traten también sobre la diferencia de edad o sobre temas afines a tu obra?
Como he comentado antes, principalmente
dos: El amante de Marguerite Duras y Carta de una desconocida de
Stefan Zweig. Ambas son claramente obsesivas, historias que rondan alrededor de
un amor idealizado, con más o menos carnalidad pero hablan de obsesión tal que
podría incluso hablarse de hiperfoco. Además que estamos hablando de dos
narradores excelentes.
P.- La música es vital en tu día a
día. ¿Hay banda sonora en El profesor de matemáticas que tocaba el piano?
Justo hay una lista de reproducción en mi
perfil de YouTube con las piezas musicales que aparecen en el libro y alguna
más inspirada en la historia. Pero la música nos mueve. De hecho, uno de los
proyectos en los que estoy ahora mismo trata de unir un diálogo entre música y poesía. A partir de una canción o una pieza musical, trabajo las sensaciones
que me produce y la digamos metapoesía que nace de la relación emocional con
ella. La música nos puede llegar a transportar a otros momentos emocionales, son
a veces pequeñas magdalenas de Proust esperando ser mordidas.
P.- ¿Te gusta leer con música?
Prefiero leer en silencio, para meterme
en el libro profundamente. A veces, cuando el libro es ligero, no me importa
algún instrumento de viento, un oboe o quizás un arpa siempre son bien
recibidas.
P.- Le pones título a cada capítulo.
¿Siempre lo haces así?
Intento que los nombres de los capítulos
sean una pista de lo que va a ocurrir, algo que te haga reflexionar sin
prejuicios. Justamente en la segunda edición estoy haciendo un híbrido. Los
capítulos, además de capítulos, están introducidos por fragmentos de poemas que
al final de la novela puedes leerlos completos y cada poema dialoga con el
título del capítulo. Es un poco experimental pero emocionalmente hace que el
lector conecte más profundamente. Es como una semiiniciación antes de
introducirse.
P.- ¿No te gusta prescindir de ellos?
Depende; hay libros que lo necesitan y
otros que no. Pero normalmente uso los títulos de los capítulos para explicar
cosas. Pero no todos los libros necesitan una guía. Por ejemplo, en el libro de
ciencia ficción en el que estoy trabajando los capítulos son simplemente
números. He prescindido de los títulos porque no quiero que el lector sepa nada
de lo que va a suceder.
P.- ¿Crees que le ayudará al lector a comprender mejor la historia?
Te pone en ciertos preliminares, te
acerca a lo que está a punto de ocurrir y algunos capítulos tienen títulos
enrevesados para llevar al lector a pararse a pensar. Una especie de trance
entre un capítulo y otro que ocurre en las novelas con gran carga emocional psicológica,
para no ser prejuzgados probablemente si necesitan ese digamos viaje pero no
todos los libros tienen las mismas necesidades.
P.- Has optado por la autopublicación.
¿Por qué?
Tuve varias ofertas editoriales, pero me obligaban a cambiar el final. Ese epílogo que me parece necesario para guiñar al lector una vez que ya ha sido consumido por la historia. Digamos que ese ejercicio literario no les gustaba y yo preferí mantenerlo. He preferido la esclavitud de la libertad, porque ser autopublicado es un acto de valentia y fidelidad a lo que quieres contar. Sería irónico no serme fiel a mí misma, siendo la fidelidad a uno mismo uno de los temas de la novela.
P.- ¿Has intentado mandar el
manuscrito a alguna editorial?
Sí, y varias lo aceptaron con los peros
que he comentado. Supongo que ha sido un ejercicio de fidelidad a lo que yo
quería contar tal y como quería hacerlo.
P.- ¿Y a alguna agencia literaria?
No llegó a pasar por agencia literaria
porque la mayoría de editoriales decían lo mismo, así que decliné esa opción.
P.- Formas parte del sector editorial
español, pero ¿qué cambiarías de él?
Ahora mismo se trata al escritor como un
producto en sí, como si se le tuviera que comercializar. Hay cierta tendencia a
que tu valor venga dado por los seguidores. Y esto habla de mercado, pero no de
literatura. Es complicado ver literatura de verdad, de la auténtica, de esa que
no está tan centrada en vender como en existir en su propia naturaleza de ser.
P.- Cinco preguntas cortas.
¿Qué clásico de la literatura crees que está sobrevalorado? Me fascina Galdós, obras suyas como Doña Perfecta son genialidades…, pero las historias de Torquemada son predecibles y están demasiado estiradas; no logré engancharme.
¿Qué clásico de la literatura crees que merecería más repercusión de la que tiene? Cándido de Voltaire, porque su mensaje sigue siendo moderno y es tan rico en su humor cínico.
¿Qué novela de lo que llevamos de año te has leído más deprisa? Limonov o Una novela rusa de Carrère.
¿Lees en formato digital o en papel? Ambos, pero en digital sobre todo leo cosas de trabajo. Por gusto leo en físico.
¿Con qué escritora o escritor te gustaría tomarte un café mientras analizáis su obra? Con Carrère, ahora que lo tengo fresco. Debe ser un personaje bastante interesante y obsesionado consigo mismo.
P.- ¡Necesitamos recomendaciones de
libros! Te conocemos en La boca del libro, te gusta leer clásicos, los
disfrutas y diseccionas, pero:
¿Qué novela nos recomendarías que aparentemente no tiene que ver nada con tus gustos? Las edades de Lulú de Almudena Grandes. Es disruptiva, arriesgada, habla sin tapujos y, con lo encorsetados que estamos ahora, hace falta alguien que nos suelte la melena y nos sonroje. La caída sexual a los infiernos de la protagonista rompe clichés y abre conversaciones sobre hasta dónde podemos llegar con nuestras filias.
Se termina la primavera, ¿qué título nos recomendarías que esté lleno de ese color y olor de esta estación que nos deja? Una habitación con vistas de Forster, porque la primavera va de flores y despertares, que es justo lo que le pasa a la protagonista.
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AINHOA ESCARTI EN:
También podéis encontrar a Ainhoa Escarti de diversos artículos en este blog.
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